Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Realmente en el boulevard se siente muchísimo calor y la gente se apiña y se apretuja, p e r o como la mayor parte de los hovlevardiers son madrileños, se encuentran en sus propias glorias. ¡Ahí es nada, seguir s u d a n d o en San Sebastián, viendo las mismas caras que en la Castellana! Goce semejante no se paga con n a d a de este mundo; Rodríguez obtiene en seguida, merced á la amabilidad de las señoritas de X todo u n plan de existencia p a r a su veraneo en el Cantábrico. Por la m a ñ a n a al boulevard, d e s p u é s á almorzar; luego al casino, si hay concierto clásico; si no, de expedición tierra a d e n t r o Al anochecer puede sentarse u n rato en el paseo de la Concha, peí o volviendo las espaldas d e s p e c t i v a m e n t e al temeroso Océano. E n seguida á comer en la terraza del casino, luego a ¡baile en los salones del mismo. Se le permite tirar u n rato de la oreja á Jorge, y á t o m a r chocolate y á la cam. a. Este plan de asisteaoia, con música y cohetes, encanta á mi amigo Rodríguez, quien antes de ir al Norte pensó con deleite en la brisa m a r i n a y en la acariciadora frescura de la ola, y que alguna vez m u r m u r ó soltando el consabido periódico: ¡Qué fresca e s t a r á ahora la distinguida familia de X en el seno del líquido elemento I Ü ¡Buen líquido elemento nos dé Dios! Rodríguez n o tiene tiempo ni para pensar en él. E n t r e m u d a r s e al día cuatro trajes y veinticinco cuellos, oir música y librarse de los cohetes, se le va el veraneo con u n a rapidez espantosa. Pero eso sí, cuando su obligación ó su escasez de metales preciosos le obliga á regresar á Madrid, los periódicos locales le. vengan cumplidamente de la distinguida familia de X Hoy sale p a r a Madrid el distinguido sportman Sr. Rodríguez. Ayer salió p a r a Madrid el conocido joven Sr. Rodríguez. Ha regresado á la corte el Sr. Rodríguez. Entre los veraneantes que nos han a b a n d o n a d o ya, figura el Sr. Rodríguez En el expreso de ayer marchó á Madrid etc. Treinta y seis golpes al Sr. Rodríguez. 1 Y luego se h a b l a de los caballitos Cuando Rodríguez desembarca (no se ha e m b a r c a d o m á s que en el vagón) en la estación del Norte madrileña, tropieza con u n amigo que no ha podido ir á ninguna playa. ¡Hola, Rodríguezl ¿de dónde vienes? -De San Sebastián. -Chico, cómo te envidio. -Realmente, h e pasado un mes delicioso. -Ya lo creo, j u n t o al mar- ¿El mar? ¡Ah, sil un: i i- o- i i- que metía m u c h o ruido. día de mi llegada. Despii -v u e l t o á ver; perosupongii ni I- HII ÍMU r á en el mismo sitio. ¡Qiü cotillones, chico! ¡Ah h e r m o s a inmensidad siempre agitada! ¡Di choso el veraneante que 11 contempla desde una roca, aspirando á v i d a m e n t e el aire salitroso que abanican t u s olas, o y e n d o como u n h i m n o los mil r u m o r e s de t u s e n o y olvidándose a m e tu majestad de que ha sa i do p a r a el Norte la distinguida familia de X y regresado á Madrid el conocido sportman se ñor Rodríguez! J. DEROURE