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í naires gitanescos de lo más espontáneo y gráfico; el reírse las ñiflas del gitano singularmente, que, según ellas, tiene la gracia como las avispas; el mentar Pepito la bicha con la sana intención de que se larguen; el maldecirlo la familia gitana; el salir las criadas al olor del cambalache y de la compra; el hablar todos á la vez; el cantar los canarios á todo pulmón por no ser menos; el desdeñar de las señoritas; el elogiar optimista de la cocinera, y, finalmente, el aparecer D. José, el irascible Sr. D. José, aquél cuyo bombín fué el mejor señuelo de la gitana, en mangas de camisa y en calzoncillos blancos, con una pluma detrás de la oreja, protestando á gritos de que no lo dejan trabajar, y despejando el campo en menos tiempo que se persigna un cura loco. Las niñas vuelven á su labor, Pepito á su estudio, vamos al decir; las criadas ¡ornan á sus faenas, don José se retira refunfuñando y acordándose para nada b u e n o del Nuncio, y la tropa gitana se va con ías orejas c a l i e n t e s aunque no sin soltar la sin hueso antes de salir para pintar á don José de una pincelada: ¡Ay, v a y a por Dios, D. José; párese usté un pana! ¡Échese usté en agua 1 reirse Miste que traigo unos pañuelos que da lástima de sonarse de bonitos que son Abra usté, por los ojos de su cara, que se va, usté á alegra. Le voy á da á usté toa mi mercansía aunque no sea más que por er bombín canela der señorito D. José. Una carcajada imprudente de Lolita, enemiga irreconciliable del citado bombín de su papá, denuncia á los tres. Consternación. Ya no hay sino abrir la cancela, porque la gitana no se marcha ni á tiros. Y, en efecto, la abre Pepito, no de muy buena gana, y entra Pastora con su obligado acompañamiento, el cual se compone de una gitana guapa, si bien no tanto como ella, y de un gitano viejo y feo color de dedo gordo de fumador sucio. Y allí principia el deshacer líos y paquetes de tiras bordadas, encajes y ropa de hilo fino; el poner en las nubes la mercancía con hipérboles caprichosas y doDIBUJOS DE HUERTAS El patio queda de nuevo en silencio y reposo. Las muchachas cosen de malísima gana, porque el calor desanima y enerva. Pepe, recostado en la pérfida mecedora, procede lo mismo que si hubiera aprobado en Junio el i3 erecAo canónico Los ojos se cierran, las bocas se entreabren, los brazos se caen como si fueran de plomo... El sueño vence; la siesta triunfa, como único remedio á tanta pereza... Una de las criadas canta en la cocina á media voz; á la otra se la oye en el piso alto... Las coplas, dormilonas de suyo, llegan al patio casi borradas por la distancia De la calle, abrasada y sola, vienen también de vez en cuando algunos ruidos El trote del caballejo de un panadero de Alcalá, el pregón del tío del helao Todos duermen... De pronto los despierta una voz alegre, que canta á la misma puerta de la casa: Yevo dalias, yevo dalias, yevo las marimoñitas, las más bonitas de JBspafia Inútil. ¿Kendirá el calor, que ni siquiera deja fuerzas para levantarse á comprar flores? S. Y J. ALVAEEZ QUINTERO