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-Ko estudies tanto, que se te va á cansar la vista. -Si ahora n o leo, si pienso n a d a más- -Pues mucho cuidadito con quedarte calvo como el Guerra. -No te a p u r e s ¿Ves tú? Si no h u b i e s e s dejado p a r a Septiembre el Derecho canónico, podrías pasarte durmiendo todo el día. -Lo que es por eso, parece que lo ha aprobado en J u n i o -Verás la chica- -responde Pepe levantándose y desperezándose como u n gato y con entera confianza. -Por supuesto, que de todo lo que te pasa tiene la culpa quien yo m e sé. -Ki más ni menos. -Al diablo se le ocurre p e r d e r un curso por causa del Algábeño chico. ¿Yo? -pregunta el h e r m a n o sin comprender por dónde van los tiros. -Sí, hijo de mis entrañas; a u n q u e te enfades, t e lo espeto: t u novia es igual al Algábeño chico. Las dos muchachas sueltan la risa á borbotones, íresca y alegre como el agua que salta y juega en la fuente que hay en medio del patio, y el hermano la emprende con ellas á besos y á pellizcos en justa venganza de la ofensa inferida á la señora de casi todos sus pensamientos. De casi todos, si n o de todos, porque el Derecho canónico, en honor de la verdad, no le cansa el cerebro que digamos. Verás tú! -No seas borrico, Pepe. -i Ay I Estáte quieto- ¡Qué gansísimo t e ha hecho Dios I- -Mira, Carmen, mira cómo m e ha puesto el brazo. -Todo porque le decimos la verdad. -Así como suena. -Oye, y lo que no debes consentirle á tu novia, h a b l a n d o ahora formal, es que lleve el perro que lleva. ¡Es m u c h o p e r r o P e p e! -Parece u n pedazo de otro. -Parece que está sin concluir. -Y en ley de Dios, la pobre muchacha ya tiene bastante con llevar j u n t o á la mamá. -L a m a m á es de Jesús y t r e s golpes. -Yo la h e visto en las figuras de cera, n o me cabe duda. ¡Duro, duro en la suegra! -añade el futuro yerno siguiendo la corriente. -Eso n o m e importa. ¿A que no sabéis lo que á mí m e parece cuando se ríe? ¿Qué? ¿Qué? -ü n melón empezado. -I Ja, ja, j a! De improviso se a b r e la puerta de la calle, i n u n d a n d o de sol el zaguán, y u n a voz cadenciosa grita desde la cancela, que t a p a u n t r a n s p a r e n t e chinesco: ¡Señorita Carmen! Al reconocer aquella voz, los tres hermanos callan súbitamente y se hacen señas significativas de que el que chiste morirá á m a n o s de los otros. Pausa. No se oye u n a mosca. ¡Señorita Carmen! -repite la voz desde fuera á los pocos momentos. ¡Aquí está Pastora! ¡Abrá usté un minutito na m á s y haremos cambios! ¡Ande usté, que traigo hoy u n a s tiras bordas que me van á merca en el Arcasa si usté n o las quiere! Silencio en las filas. Pastora es una ditera gitana, que charla por siete, capaz de a b u r r i r á u n sordo, y muy gangosa en sus ventas y tratos, como dice la h e r m a n a m á s chica queriendo decir muy ganguera, ó sea muy amiga de gangas. ¡Ábrame usté, señorita Carmen! Si están ustés ahí, si las estoy oyendo 4