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MANO EN LAS CALDERAS Explicaba la abuela á su nietecito las penas del infierno, y naturalmente, tenia que hacerlo en lenguaje vulgar y al alcance de aquella débil inteligencia. y le decía: -Hay que ser muy bueno, porque si no, irás á las calderas de Pedro Botero. ¡Figúrate tú, hijo mío, lo que será el iufierno en este mes de Agosto para los que estén allí ardiendo á fuego lento! AyI La vieja y el niño ignoran que de esas calderas las hay á millares en este bajo mundo; y que hay millones de seres humanos repartidos entre todas las naciones de Europa, y por consiguiente, buena parte de ellos en España, que pasarán el verano atizando el fuego de los altos hornos, de las fábricas movidas por el vapor, de los hornos del vidrio, de las locomotoras que nos llevan á tomar el fresco á las playas de moda, á nosotros los que hemos tenido la fortuna de nacer en condiciones de vida cómoda y fácil. Y no seríamos cristianos si no dedicáramos un recuerdo á estos prójimos nuestros, para los cuales el verano, que en todas las clases sociales es mejor que el invierno, ha de ser para ellos la peor de las estaciones. Si hemos de tener carbón para guisar, para alumbrarnos, para dar movimiento é impulso á laa máquinas, que son el alma de la vida moderna; si hemos de comer pan tierno y tener vestidos baratos y beber en vasos de cristal transparente y brillante, es preciso, es indispensable que los que nos procuran el pan cotidiano y los viajes y las comodidades y el calor y la luz, se pasen los tres meses caniculares á cincuenta ó más grados de atmósfera abrasadora. Hervirá de gente Vizcaya; habrá en Bilbao toros, fiestas y regatas; se llenará de bañistas Spá; irán á pasar au veraneo tranquilo los parisienses cerca de Saint- Etienne; visitarán los viajeros de Europa aquella Bohemia tan pintoresca y tan interesante; veranearán en los castillos de sus condados los nobles de Irlanda y de Escocia Habrá en todas partes, desde Junio á Septiembre, aquí corridas de toros, allá carreras de caballos, casinos en cuyos tapetes verdes se perderán fortunas Y entre tanto, ellos, los de siempre, los que atizan el fuego de las calderas de ese Pedro Botero que se llama el comercio, el tráfico, el progreso, el movimiento fabril ó industrial, vivirán medio asados y dándonos gusto á todos. El padre Vinuesa, que antes de vestir la sotana fué hombre de mundo y vivió en medio de las elegancias de la vida madrileña, se dirigía hace pocos días en una conferencia que dio en San Sebastián á los explotadores de los pobres, y les decía en inspirado tono: -El socialismo triunfará en tiempo que no sería difícil lo conocierais, y será como castigo de Dios vuestra insaciable sed de oro y á vuestra falta de fe. ¡Loado sea Díosl digo yo ahora. La Iglesia, por la voz de este santo varón que abandonó el mundo y sus vanidades para entrar en estrecha regla y predicar la evangélica doctrina, habla ya como nosotros, los que hemos tenido el valor de adelantarnos á tiempos menguados y predicar á nuestro modo en favor de los proletarios y oprimidos.