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LITERATOS EXTEANJEROS II BlSZri IvI O ZO Xv Enumerar los méritos que el insigne escritor lia contraído para tener derecho á que la posteridad lo proclame como una de las más grandes figuras literarias de su siglo, fnera tarea inútil, porque su obra gigantesca en pro de la regeneración humana se ha popularizado de tal modo, que puede afirmarse que es universal mente conocida; efecto tanto más admirable, cuanto que no comprendido su nobilísimo propósito en un principio, tuvo que luchar con la preocupación de su tiempo, con la inflaencia de sus detractores, que anateniatizáron su labor, no acertando á ver el alto fin que perseguía, y atribuyendo á insana tendencia, átojpe degeneración del gusto, lo que en realidad tenía por base elsanto deseo de hacer aborrecible el vicio, mostrándolo en su desnudez asquerosa, para que como consecuencia lógica de este aborrecimiento hacia el mal, naciera el amor al bien. Zola, que con sus facultades extraordinarias, con su vigorosa imaginación, con su estilo brillante, hubiera podido conquistar la gloria y la fortuna sólo con dejar libre su fantasía ep el extenso campo de la novela, sacrificó la fama y el dinero á sus convicciones filantrópicas y renunció al triunfo fácil y positivo, prefiriendo el bien ajeno á la propia satisfacción. Su calvario fué rudo, su bohemia penosa; antes de lograr que su primer libro viera la luz, tuvo que arrostrar amarguras sin cuento y escaseces tremendas. Pero todo lo soportó con el valor de un mártir y con la entereza de un héroe. Antea morir que vender su alma; y como el fin era santo, triunfó. Sus obras, discutidas, execradas en un principio, impresionaron á las gentes, y pronto algón espíritu más despierto acertó á descubrir la tendencia qu 9 las animaba, y al entablarse la polémica entre defensores y enemigos creció la popularidad del artista y sus libros invadieron el mundo. Pero como si la misión del apóstol fuera más alta, como si á la predicación hubiera de añadirse el ejemplo para que fuese la doctrina eficaz y no pudiera existir duda acercado lo santo del fin perseguido, la obra del redentor vino á completar la del novelista. En días aciagos en que Francia se dejó cegar por un fanatismo, haciendo víctima de él á un hombre cuya inocencia resultaba evidente para los que no estaban influidos por la obsesión, Zola se puso al lado de la justicia, y sabiendo que comprometía su fama y arriesgaba su vida, lanzóse en defensa del oprimido, él solo contra Francia entera, alentado no más por la santidad de la causa, por su amor entrañable á la verdad y á la justicia, en cuyas aras se dispuso á sacrificarlo todo. También triunfó esta vez, no sin estar muy cerca de perecer en la demanda, cosa que no amenguó sus bríos ni le hizo vacilar, y que demostrando el temple de su alma, ha elevado su obra de artista á la altura que debe colocarla el fin redentor que con ella persigue. Zola es una de esas grandes figuras á quienes la posteridad debe inmortalizar en estatuas. Pero como su fe, como su alma, fundida en; el crisol de las grandes penas, de los tremendos desengaños, de las desconsoladoras injusticias, á prueba de golpes de la adversidad, de mordeduras de la envidia, de zarpazos de la ingratitud, alma vibrante y dura que no ha torcido ninguna fuerza, debe ser la estatua que perpetúe su memoria, para que sea digna de él: una estatua de bronce. E. OONTREIIAS Fotag. Dornac