Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Un aullido, más bien que un grito, de la noble dama, me hizo caer en la cuenta de lo que ocurría, porque coincidió con el disparo del saco de noche por la ventana y con el vocerío de la turba infantil. Instintivamente salí del dormitorio sin parar mientes en mi traje, y excuso describir á ustedes el cuadro que la antesala ofreció y la estupefacción de los personajes que lo formaban, pues veíase allí una respetable y elegantísima duquesa, agobiada por tm saco de noche que le había caído encima, quedándosele encajado por su abertura en la cabeza, y frente á la temblorosa d a m a un servidor de ustedes confaso y aterrado, envuelto en una colcha, con una sopera á modo de casco y un paraguas abierto. Largo rato permanecimos inmóviles los dos, mientras los chicos contenían la risa por la fuerza del asombro. La pobre señora, con las manos en la cabeza, ni acertaba á pedir explicaciones de lo ocurrido ni á sacarse el saco (que es el colmo de la torpeza) Yo, por mi parte, tampoco acertaba á justificarme ante la casera, ni á cerrar el paraguas que me servía de estorbo. Por fin salió el saco de noche, no sin llevarse consigo el sombrero y aun el moflo de la duquesa. Yo caí de rodillas ante ella, y con voz entrecortada le dije: í ¡Señora perdone usted yo estoy avergonzado pero por entretener á los chicos ya ve usted su madre ha salido, y yo y yo no he salido y no lo volveré á hacer ¡Por Dios, señora! deploro con toda el alma que E n fin, yo me esforzaba por infundir piedad en el corazón de la víctima; pero ¡qué consideración puedo inspirar un hombre que tiene una sopera en la cabeza! La iracunda dama se puso el sombrero, pero no se puso en razón, y desapareció lanzándome terribles miradas y diciéndomer- ¡Esto es incalificable, señor mío! Desde el mes próximo pagará usted ocho duros más por el alquiler del cuarto. ¿Quién es esa señora, papá? -me preguntaron asustados los niños. -TJna casera endemoniada- -les contesté. -Una fiera á quien desde hoy cedo los trastos para que me sustituya en clase de energiímeno. Conque ya lu sabéis: este juego se acabó para mí. Cuando queráis un energúmeno auténtico, llamad á la dueña de la casa, á la excelentísima señora duquesa de Sangreturbia. Al día siguiente me encontré al marido en el teatro Real, y encarándose conmigo me dijo: A m i g o mío; ya he sabido lo del saco de noche. -Perdone usted- -le dije yo, -pero no fué- no- -añadió el duque; ¡si lo que yo siento es que en vez de saco no fuera un baúl m u n d o! J H A X P É R E Z ZÚÑIGA D I B U J O S DE X A U D A R Ó