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La familia de nuestro querido director se halla en estos momentos bajo el peso de una gran desgracia: la muerte de don Eduardo León y Llerena. Siempre que recibimos la noticia de la pérdida de una persona querida, á la que hemos visto gozar de la plenitud de una vida robusta y fuerte, la duda, el asombro se retratan en nuestro semblante; y aunque todos sabemos que la vida es el capital más inseguro de que disponemos, no nos acomodamos f á c i l m e n t e c u a n d o la realidad nos presenta el caso, á la idea de perder en un momento, en un instante, todo cuanto hemos amado y querido. Don Eduardo León y Llerena ha muerto en i íarmolejo en pocas horas; sólo una enfermedad rapidísima ó inquebrantable podía dar en tierra con aquella naturaleza tan espléndida y poderosa, con aquel hombre tan generoso, para quien la caridad era el mejor oficio y el bien de los desheredados su más entretenida ocupación, hasta el punto que si todas las personas ricas de la provincia de Jaén hubieran hecho por el alivio de los pobres lo que el caritativo León y Llerena, no existirían pobres en aquella comarca; La muerte de León y Llerena la llorarán no sólo su en trafiable familia, sino toda la provincia de Jaén, y singularmente el pueblo de Marmolejo, su residencia habitual: la Meca, como la llamaban sus amigos y correligionarios. Hombre de meridional imaginación, estudioso, comenzó apenas terminada su carrera dé Leyes, en la viveza de su juventud franca y expansiva, á significarse en la política liberal al lado del duque de la Torre en un principio, y más tarde con Sagasta, ganando en poco tiempo la confianza de sus correligionarios, que le confiaron puestos de tanta importancia como los de subsecretario del ministerio de la Gobernación, de la Presidencia del Consejo de Ministros y consejero de Estado, siendo nombrado senador vitalicio en el año 1883. Actualmente estaba retraído de la vida activa de la política, en la que hubiera logrado más altos puestos si su excesiva modestia no hubiese sido la mayor traba. Era administrador y consejero de varias empresas importantes, y estaba en posesión de la gran cruz de Isabel la Católica, Mérito militar y orden del Cristo de Portugal. Era jefe del partido liberal de la provincia de Jaén, y su política era tan amplia, tan expansiva, que á él acudían todos sin distinción de ideas ni matices, por estimar á León y Llerena como legítimo y único representante de los intereses de la provincia. En esta casa de BLANCO Y, NEGRO, que visitaba con frecuencia en sus constantes viajes, se le adoraba y se le quería como á un hermano; para todos tenía siempre su mejor palabra, y era, por decirlo así, un excelente colaborador en nuestras tarea. s y en nuestros trabajos. Reciban su viuda la 8 ra. Doña Luisa Serrano, su herrnana Doña Pilar León y Llerena, y nuestro querido director D. Torcuato Luca de Tena, que más que por vínculos de parentesco estaba unido al finado, por los más firmes de un entrañable cariño, el más sentido pésame de la Kedacción de BIANCO Y NEGRO, que siempre tendrá en su memoria vivo y palpitante el recuerdo de León y Llerena. Fetog. Fransen