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Para los que son poco amigos de la limpieza y declarados enemigos del aseo, este artículo es una especie de ¡lagarto! ¡lagarto! Huelga por completo; lo pasarán por alto despreciativamente, y dirán como el baturro del cuento: t ¿Yo bañarme? ¡Pa qué! Y sin embargo, esos desgraciados, que no conocen más que la inevitable agua bautismal, están muy lejos de comprender su extraordinaria importancia, la decisiva influencia del baño á través de los siglos, ora en las costumbres, ya en las revelaciones de problemas científicos, sí que también en la ruina de algunos imperios. ¡Ahí El baño no sólo da salud al cuerpo y recreo al espíritu: tiene en la historia abolengo glorioso, y así pasaré á demostrarlo punto por punto y pila por pila. Después de la fabulosa noche de los tiempos, de la cual por tan fabulosa nada puede decirse en concreto, sufren los mortales la primera ducha, que en ducha comenzó. Me refiero al diluvio universal. Seguramente no registra la moderna hidroterapia ducha de mayor impresión ni más duradera: cuarenta días con sus cuarenta noches convirtieron al mundo en una piscina, siendo en este punto testigo de mayor excepción Noé, el tan calumniado Noé, que anticipándose al refrán español M buen paño en el área se vende, en ella se metió con varios animales hasta ver en qué paraba aquéllo. Que el baño tiene gran influencia en notables conquistas cien tíficas, nos lo demuestra el sabio Arquímedes, el de la palanca, del que se conserva un tango muy popular, pues Arquímedes, gracias á que era limpio y se bañaba con frecuencia, descubrió al salir del baño lo que en las matemáticas se conoce con el nombre de teorema de Arquímedes, y del que hago merced á ustedes, por no meternos en matemáticas. Arquímedes se llevó las manos á la cabeza; y sin pagar 1 bafio, dando voces de ¡euréka! ¡eureka! echó á correr por las calles de Atenas tal como su madre lo había puesto en este mundo, y sin reparar en el teorema. Pasma pensar lo que hubiese ocurrido si Arquímedes no se baña. A estas fechas le faltaba á la ciencia uno de sus principios más fundamentales. El bafio en la filosofía sirve al malogrado Séneca como diríamos ahora- -de lecho de muerte. Efectivamente; Séneca, que ya era un filósofo que tenía derecho á una jubilación decente, á un pasar, viendo que su patria le negaba una pensión justa, y no teniendo al día siguiente ni una vil moneda para mandar á su ñel criado á la compra, se mete en el bafio, se abre las venas, poique aquel día el pobre Séneca estaba de vena, y se deja morir como una Traviata, diciendo á sus amados discípulos que en caso de repetir la suerte, mueran por el procedimiento hidroterápico, que da muy buen resultado Pero dejemos la filosofía, abandonemos su campo y vayamos acompañados de algún patricio á las famosas termas de Caraoalla en Eoma. Ningún pueblo como el romano dio más importancia al a, seo del cuerpo. Las