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EEINAÍ DOÑA MARGARITA DE AUSTRIA ESPOSA DEL REY DON FELIPE III Felipe II, que no se hacía ilusiones acerca de las cualidades de, sa hijo y heredero, pues cuentan los historiadores que solía decir, ¡Dios que me ha concedido tantos Estados, me niega un hijo capaz de gobernarlos! le buscó con cuidado mujer para que tuviese á su lado una persona piadosa y poco dada á mezclarse en intrigas cortesanas. Su elección recayó en la archiduquesa doña Margarita de Austria, hija del archiduque Carlos, señor de Stiria, y de la princesa doña María de Baviera. Era la novia por la línea paterna biznieta de Felipe el Hermoso y de doña Juana la Loca, y descendiente, por lo tanto, de la misma raza que el que la destinaron por esposo, con lo que aumentó la degeneración de sus descendientes; pero no era hombre Felipe II para fijarse en estas cosas cuando trataba de hacer su voluntad, y decidió que en un mismo día se celebrasen las bodas de su hijo don Felipe con doña Margarita, y la de su hija la infanta doña Isabel Clara Eugenia con el archiduque Alberto, hermano de aquélla. En lo que acertó el monarca llamado el Prudente fué en las cualidades de virtud y modestia que exigía en la que había de ser su nuera, pues pocas princesas más desprovistas de ambición y menos aficionadas ál boato y al mando habrán subido al trono, que la que la suerte llevó á ser la esposa del rey que ejercía su soberanía en más vastos Estados. Cuentan que cuando don G uillén de San Clemente, embajador de Felipe II en Alemania, llegó á pedir la mano dé la archiduquesa para el hijo y heredero de su rey, se hallaba la princesa haciendo las camas de los pobres en un hospital, y que prorrumpió en llanto al saber la noticia, por no querer salir de la vida modesta que hacía cerca de sus padres, y por no considerarse digna de tan altos destinos. Se rindió, sin embargo, á las órdenes paternales y á las razones de Estado, y acompañada de su hermano, el que había de casarse con la hermana de sU prometido, salió de su patria para venir á España. En Vilaso, caniinando hacia Italia, les sorprendió la infausta nueva de la muerte de Felipe II, y como los de la comitiva saludasen á la archiduquesa dándola el tratamiento de majestad por considerarla reina de España, les dijo ella: -No usaré yo tal título hasta que Dios se haya servido bendecir mi unión con el que me destinan para esposo; como archiduquesa debéis mirarme, por lo tanto, todavía. El Papa Clemente Vill, que á la sazón ocupaba la silla pontificia, esperaba en Ferrara á la que ya podía considerarse como reina de España, y allí la recibió con gran pompa, mandando á su encuentro á todo el colegio de cardenales con una comitiva lucidísima que la acompañó hasta el Palacio Papal, donde se hospedó. Los desposorios se verificaron el domingo 13 de Noviembre, interrumpiéndose el luto para que l3 fiesta fue-