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mentó de la lidia, la figura de Eafael era naturalmente airosa y elegante; por eso ha sido el torero que ha vestido mejor el traje de luces, el perfecto y característico tipo del torero, tal como lo ha concebido siempre la fantasía española. Lagartijo ha muerto con la mirada puesta en la imagen de la Virgen de los Dolores, á la que siempre se encomendaba en su vida de torero, y ha muerto con una ejemplaridad y una resignación dignas de un justo. Recientemente, mis deberes de periodista me llevaron á Córdoba, y allí encontré Lagartijo en su corro de amigos, en su corro de todas las tardes, en la Venta de San Rafael, llevando el interés y la gracia á todas i- Kf EN LA VENTA DE SAN RAFAEL lafl coayersaeiones. Como. recordáramos un día sus tiempos de torero y eensuráaembs no se cuidara como entonces del vestir, decía: ¿Os acordáis de aquella capa que yo llevaba que me costó cinco mil reales? Pus ahora me han hecho en casa una que ma cóstao treinta duros, con los mismos padrones que aquélla, que yo los guardo. Luego decía Rafael qiié él no se ponía nunca la capa porque le estaba mal, y cuando sé embozaba parecía que llevaba una guitarra á empeñar. Otra vez Ie preguntó uno de la reunión que cómo llevaba las mangas de la americana tan cortas, y contestó: Vete á sabe. ¡Que la habrán cortao verde I En su época de apogeo, recibió Lagartijo de un empresario envidiables proposiciones para torear en AráóriC 3, y Lagartijo, que nunca quiso ir á América porque tenía mucho miedo al mar, le dijo: