Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
También he de advertir que estos apuntes míos carecerán del mérito de la brillantez literaria, y no tendrán otro, caso de que cuenten con alguno, q u e el de la autenticidad m á s absoluta, pues sólo he de tratar en ellos de aquello que me ha permitido conocer mi permanencia en China y mi trato, no muy íntimo, con los amarillos. Si esto le parece á usted que puede interesar á sus lectores, se lo ofrezco con el mejor deseo FAMILIA C H I N A GOMIKNDO ARROZ y sin otra intención que la de contribuir desde aquí, en la escasa medida de mis fuerzas, al mejor conocimiento de aquel! a tierra en que por circunstancias de todos conocidas está empeñado actualmente el porvenir de Europa. Los apuntes que á manera de enunciación de mi propósito acompañan á ésta, tienen muy escaso valor, pero se refieren á asuntos que desde luego despiertan la curiosidad del europeo que llega á China. Los barcos de transporte que en número incalculable cruzan los grandes ríos constantemente, sin haber per dido en absoluto su carácter propio, no tienen ya la forma de aquellas intrincadas embarcaciones de otros tiempos. Algo ha influido en su reforma la civilización europea, aunque en esto como en todo, los chinos, aborreciendo lo extranjero, hayan adoptado lo que les ha parecido conveniente. Dedicados únicamente al transporte de mercancías, estos barcos ofrecen una rara particularidad: la de que sus patrones jamás reponen las velas que les sirven de impulso, mientras de ellas quede una hilacha sobre los palos; entra en esto la economía, el ingénito abandono y la superstición; principalmente ésta, que con- sideraría de mal agüero el sustituir el aparejo antes de que el uso se hubiera encargado de destruirlo. La manera de que los chinos se valen para comer su plato favorito, que es el arroz, no deja de ser cu riosa é interesante. Una familia en torno de la mesa consumiendo su manjar predilecto ofrece un animado cuadro. Las manos, provistas de palillos por todo utensilio, muévense con celeridad extraordinaria, yendo de la escudilla á la boca y de la boca á la escudilla, y en un instante, sin que los ojos que lo contemplan hayan podido darse cuenta de cómo y cuando, el pro- í? í montorio de granos de arroz ha desaparecido para pasar á los estómagos de los comensales. En esta labor, que los chinos realizan en pocos minutos, inverCARRETILLAS CHINAS tiría un europeo todo un día, no desperdiciando los momentos. También es curioso ver á los chinos arrastrar por las calles los artefactos de que se sipven para el transporte de ciertos géneros. Viene á ser este útil una especie de carretilla que á favor de una rueda deslizase con rapidez en el sentido en que la impulsa el carretero, mediante las dos varas de que va provista posteriormente. Para facilitar eLtraslado de objetos de pequeño volumen, y para la venta ambulante, empléase este medio de locomoción, que no deja de ser práctico. JOSBEIVERO CAMPOS i d