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EL POETA A LA M O D A mjDYAíiiD KiFXviKro El reciente viaje al Transvaal del famoso autor de In Black and White, y sa también reciente visita á nuestro país, bastante comentada por haber coincidido con la de Oecil Rhodes, dan entre nosotros vivísima actualidad á estas líneas y al retrato que las acompafia. Radyard Kipling. cuya popularidad es hoy enorme en Inglaterra, hasta el punto de haber eclipsado por el üíom nto á todos los escritores británicos, se ha identificado de tal modo con las ideas y los sentimientos del pueblo inglés, que bien puede afirmarse que esos sentimientos y esas ideas no tienen intérprete más franco y sincero. Es el poeta de la fuerza, duro, implacable, cruel, exuberante de vi? or y pictórico de vida. Desprecia el refinamiento y la frivolidad en literatura, y cultiva un arte brutal, sin delicadezas, pero de gran relieve, que responde admirablemente al estado de espíritu, no sólo de la nación inglesa, sino de toda la raza anglosajona. Él mismo nos dice cómo fué formándose su inspiración. Nacido en la India (en Borabay) en 1865, y enviado á estudiar á Inglaterra, abandonó al cumplir diecisiete años los cursos de la Universidad y regresó á su tierra nativa, siendo corrector de pruebas en el periódico de Labore, Civil and Military Q- azette, donde á la edad de veintidós afios publicó sus primeros cuentos. En calidad de corresponsal de aquel diario, siguió á los regimientos destinados á Birmania, durmió bajo la tienda de campaña con los soldados, á quienes ama por su fuerza, producto de la abundante alimentación y del grande ejercicio físico; por su aspereza disciplinada, por sus sencillos y poderosos instintos batalladores y su pasión por los puñetazos, la cerveza, el whisky, y la carne. Esa ha sido la educación del más célebre poeta de nuestro fln de siglo. Viajó además por el interior y las fronteras de la India como turista, como vagabundo, como bohemio. Se acostumbró á ver ahorcar, fusilar y degollar. Todo esto indujo á Eudyard Kipling á pensar que la vida humana es cosa muy abundante, y por tanto vale poco. Por eso, indudablemente, aconsejó en 1898 á los colonos ingleses del África del Sur que aprovecharan la primera ocasión favorable para conquistar el Transvaal. Es, pues, este singular poeta uno de los iniciadores de la actual guerra anglo- boer, que tantas víctimas ha costado. Eudyard Kipling conocía ya antes de ahora el Transvaal, y decía que el gobierno de los boers era un obstáculo para el desarrollo de la civilización en África. Todas las obras de este escritor se resienten de una dureza que, realmente, constituye su principal elemento de originalidad. Sa primera novela, traducida ya al español, y muy conocida del público de la América latina. Una luz que se apaga, la escribió Eudyard Kipling en Londres al volver de un magnífico viaje por la India, Birmania, China y América, que había emprendido en 1888. La pasión por los viajes le domina, y en 1892 hizo otro por el Japón y los Estados Unidos. Esta constante dilatación de horizontes abre sin cesar nuevos espacios al vuelo de su fantasía. Una de sus más originales novelas es la Historia de los Gadsby, que contiene soberbios toques de observación y situaciones de un efecto extraordinario. La nota característica de Eudyard Kipling consiste en daros la impresión de lo sobrenatural, de lo fantástico, sin salirse de la más estricta realidad. Nada puede compararse en este género á su atrevidísima narración titulada Amor de las mujeres, sobrenombre de un gentleman arruinado, envilecido y minado por el vicio, que se alista para un regimiento de la India, y que, atacado de ataxia y de parálisis, va á morir en brazos de su propia mujer, en circunstancias de una crueldad que excede á cnanto es posible imaginarse. Es, según el mismo Kipling, un recuerdo de mujer que pincha en lo más vivo de la médula, un recuerdo ante el cual hay que bajar de pronto la mirada como ante el relámpago de una bayonetas. Esperemos que el poeta que siga á Eudyard Kipling en el camino de la fama, que el primer poeta que nosdé el siglo XX, sea de una inspiración más humana, más consoladora, y que en vez de rendir culto al poder brutal de la fuerza, lo rinda á un idealmuoho más puro y elevado: el de ir convirtiendo al hombre en un ser justo y bondadoso. ERNHSTO G A E O I A LADEVESE