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envueltos en pieles, al contemplar aquellas cavneci- ban raptos de cariño, y entre sus manos toscas daba tas moradas. vueltas al peqnefiuelo, y ella riendo decía que estaba En la manutención tampoco gasta nada la mendiga haciendo su Fitiüo. Por esto también conservó entre empresaria. Los niños comesus conocidas el antiguo nomrán lo que puedan, y si se bre que conquistó en la fábrica quedan muy flacos excitarán con su habilidad y su trabajo. más lástima. La máquina traDecíamos antes que al fin el baja á tiro forzado. niño se puso malo, cada vez Verdad es que muchos se peor, hasta que se le murió mueren; pero en todas las inentre los brazos. La pobre mudustrias, las máquinas están jer se quedó como alelada: ni hechas para eso, para gastarse lo comprendía ni quería creeren el trabajo, y en todo caso, lo. Lloraba hilo á hilo sobre fácilmente se reponen. A la la carita pálida del niño; le mendiga ni le duele ni le cuesbesaba con cierta periodicidad ta el consumo de criaturitas. mecánica, y repetía por lo baPor lo demás, en darles aljo: ¡Pitillo, Pitillo míol bergue tampoco hay que penAsí pasaron muchas horas. sar gran cosa. Dormirán donNi supo quién le quitó el niño, de puedan: á la intemperie si ni por qué se lo llevaron, ni es preciso, amontonados unos qué hicieron de él. No sabía sobre otros, aunque poco calor la pobre madre, ó no se acorpueden darse. Y el frío, el sudaba, de lo que era la fosa frimiento, el hambre y la encomún. fermedad afinan- -por decirlo Aquel día vagó por las caasí- -las ruedecillas de la málles como de costumbre, pero quina y las perfeccionan. sin pedir limosna. Pero volvamos, ó por meSin pedirla, una señora se jor decir, empecemos nuestro anticipó á dársela; pero ella, cuento. volviendo la cabeza á todas Una de las dos mujeres que partes como si buscase al nimencionábamos al empezar se fio, dijo: No puede ser; no llamaba la Pitillera porque está el Pitillo; y no tomó la allá en su juventud, cuando limosna. todavía era bonita y encontra Cuando llegó la noche, desba quien la protegiese, había pués de andar mucho, mucho, trabajado en la Fábrica de sin saber por qué ni para qué, Tabacos haciendo pitillos. al fin cayó desfallecida en el Corrieron los años, acabó su portal de costumbre, y se puso belleza, tuvo un niño, y se encon las manos á imitar el mocontró en la calle. Conque, á vimiento con que solía hacer falta de otra industria, se hizo los pitillos ó con que solía acamendiga y explotó al nifio con riciar á su hijo en los días de bastante provecho. ternura. El nifio creció, y para pedir Dejémosla en el portal: es resultó una alhaja. ¡Vocecilla bien seguro que no ha de momás dulce no ha resonado en verse en toda la noche. las calles y plazas de la heEn el estremo opuesto de la roica villa I Era una monísima calle solía pedir otra mujer lanzadera que trabajaba sin gordinflona, sucia y con cara descanso entre su madre y los de idiota. La llamaban la Petranseúntes, partiendo del selona. no materno con las manitas También llevaba consigo un abiertas y volviendo con los chico próximamente de la mispuñitos cerrados apretando alma edad que el Pitillo; pero no guna moneda. era hijo suyo, que lo había saPero el trabajo era mucho: cado de la Inclusa para que le el nifio era débil, el invierno sirviera de cebo de limosnas. muy crudo, el viento muy heNo por maldad, sino por eslado, y el niño enfermó, enfertupidez, era cruel con el nifio, mó gravemente. y para castigarle le tiraba del Hay que advertir que la Pipelo, un pelito rubio y en ontillera, allá á su modo, y con das graciosísimas. las desigualdades y rudezas Al niño le llamaban el Pepropias de su estado, quería lón, y lo hubiera sido de haber mucho á su hijo, más de lo que continuado bajo el régimen de ella imaginaba. la mendiga. Le reñía con frecuencia si Pero el inismo día en que andaba torpe en el pedir y en murió el Pitillo murió la Peloel sacar limosna. A veces le na. La misma ráfaga de viento pegaba cuando el viento y el helado, al pasar de un extremo hambre le ponían los nervios á otro de la calle, repartió, con de punta y el niño por pereza infantil no era bastante laudable imparcialidad, dos de sus mejores pulmopedigüeño ó por estar muy acatarrado no ponía la voz nías: una para la niujér; otra para el niño. bastante dulce. i Cuando se llevaron á la mendiga, el Pelón se enconPero otras veces, sobre todo los días de sol, le da- tró solo; se angustió y lloró mucho, y anduvo horas y