Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
rigen. Varemos, veremos contesta á las sáplicas llorosas con que le piden la salvación de la persona colocada en trance de muerte; y entra el hombre de ciencia en la alcoba donde ha de aplicar su sabiduría, procesionalmente, como la imagen de la cual se impetra un sagrado favor. Pasó el riesgo inmediato. El médico ahuyentó á la muerte. Todavía hay peligro, pero laa angustias anteriores se han trocado en fundadísimas esperanzas, y ya el santo es ángel. Se recibe al doctor como á ser extraordinario, pero tratándole con cierta familiaridad. jQué bueno es el doctorl No cabe duda de que tiene acierto. Hace cuanto puede; no es cosa de pedirle milagros, pero o que depende de sus recursos, lo aplica. Y se nota que la fe intensa de los primeros momentos se amortiguó al alejarse los graves temores que la produjeron. Ya convalece el paciente. Cuando le visita el médico, la familia de la persona salvada muéstrase obsequiosa con el facultativo, atenta, pero con fórmulas usuales y sin los arrebatos y clamores con que las criaturas desgraciadas dirígenseáun ser superior. Ya no es el médico ni santo ni ángel: es un hombre agradable, simpático, digno de que se le estime; pero hombre solamente, sin atributos de mayor grandeza. La verdad es que el doctor se fija y estudia. Tiene mucho acierto para ayudar á la Naturaleza. Gracias á Dios, nuestro enfermo se curó El doctor ha estado oportuno por esta vez. Quien padecía se encuentra sano y bueno. Apenas si se acuerda de lo sufrido; has ta olvida la. imprudencia probable que le produjo la grave enfermedad. Ya no le visita el médico. Pasan los días, y el doctor, al cabo de ellos, envía su cuenta. No es la de un milagro, porque los milagros no se pagan con nada, pero es una cuenta importante que corresponde á un servicio de igual categoría, y entonces el que pareció santo y fué después ángel y quedó reducido á la condición de hombre, se trueca en demonio. iQué pronto envía la nota de los honorariosl ¡Qué caro! ¡Vaya una atrocidad! ¡Así se enriquecen los picaros 1 Ya no inspira el doctor ni veneración, ni respeto, ni simpatía. Se le censura, se le achacan pasiones sórdidas, se le moteja por interesado, se le relega al término de lo abominable. Por gradaciones que se explican conociendo las flaquezas humanas, quien parecía al principio envuelto por nimbo de luz celestial, encuéntrase después rodeado por llamaradas sulfúreas, oomo corresponde á un hijo del Averno. Perdióse la adoración por el santo; quedó extinguido el amor al áogel; se olvida el afecto al hombre; queda sólo la mala impresión del acto enojoso. La gratitud es flor que dura poco, y apenas formados sus pétalos y abiertos á la luz del día, los seca el egoísmo. Claro está que l en todo hay excepciones, y médicos conoz! co yo que se perpetúan en la condición de santos Y el venerable D. Pedro, para finalizar su relato, añadió: Ahora, hijos míos, os deseo cuando seáis médicos mucha santidad, que quiere decir muchas visitas, y muchas diabluras, ó lo que es lo mismo, numerosas y muy crecidas cuentas que cobrar á los clientes. r- r. J. FRANCOS R O D R Í G U E Z DIBUJOS DE ESTEVAN