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METAMORFOSIS SOCIALES SANTO. -ANGEL. -HOMBRE. -DEMONIO El insigne D. Pedro, nuestro catedrático de Anatomía, interrumpiendo alguna vez las minuciosas descripciones de huesoe, ligamentos, músculos, arterias, venas y nervios, disertaba acerca de las contrariedades é injusticias que sufre el médico cuando cumple con los deberes de su profesión. Nuestro maestro no sólo era un sabio, atendido por todos con el inquebrantable respeto que infunden las inteligencias superiores, y que parece religioso por lo firme y por lo desinteresado: era además D. Pedro un perfecto conocedor de los vicios sociales. En los muertos estudiaba anatomía y en los vivos ciencia del mundo. Acostumbrado á interrogar con fruto á los cadáveres, los hombres animados le parecían todos expansivos, y hasta los mayores recatos é hipocresías eran para él alardes de sinceridad. Los chicos escuchábamos con regocijo y admiración aquellas disertaciones de cucología, que con tal nombre bautizamos las expansiones de nuestro catedrático, y era de ver cómo atendíamos, sin perder ni una sílaba, á D. Pedro, cuando éste, concluida la lección, entreteníase relatando anécdotas de médicos, narraciones divertidas unas veces, conmovedoras otras, siempre elocuentes, con esa elocuencia de la verdad que infunde á las palabras la vida que los matices y los aromas prestan á las flores. Oid, oid esto, exclamaba el catedrático estimulando nuestra curiosidad. Conviene que lo sepáis para el día de mañana. Cuando seáis hombres y naveguéis por vuestra cuenta, os servirán de mucho mis observaciones de marino viejo, que sabe al dedillo los sitios donde están los riesgos y las maniobras convenientes para contrarrestar los- esfuerzos de las borrascas. En los estragos de los muertos se aprende á procurar la ealud de los vivos. En ias amarguras pasadas se aprende el remedio para evitar las de lo porvenir Una mañana D. Pedro nos habló de las metamorfosis del médico en la sociedad. ¿Creéis- -nos dijo- -que todo es triunfos, ganancia, honores y satisfacciones? Pues os engañáis. Un médico, según el momento en que trata á los clientes, es para éstos santo, ángel, hombre y demonio. Sube hasta la cumbre del aprecio, pero cae también desde ella despeñado, y suele suceder que empieza sus trabajos con apoteosis y los termina con anatematización. Un enfermo está grave. Se llama al médico en seguida. Que venga corriendols gritan las personas allegadas al paciente. El que sufre y los que le rodean aguardan con nerviosidad inexplicable la llegada del doctor. Cuando éste se presento, se le recibe como á santo, venerándole; le estrechan las manos, le hablan con tono suplicante, le ruegan, le exigen un milagro. El médico acoge con solemnidad las interpelaciones que se le di-