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r H- A- ca En un popular y antiguo teatro que existió en Sevilla, actuaba en cierta ocasión un cuadro de compañía de cómicos trashumantes, y en él á diario se hacían dramotes conmovedores y tragedias terroríficas, obras que, aunque un sano público emocionado aplaudía, si se ha de decir verdad, resultaban graciosísimas. Se ejecutaba una noche El bandido de Sicilia ó M hijo del crimen, drama, según el cartel decía, del gran autor SéUspir, haciendo el protagonista el galán joven, mancebo delgado como una espina, de raquítica figura, y en cuya cabeza exigua el peluquero del teatro fué á colocar por desdicha el rizado promontorio de una peluca enormísima, de fijo confeccionada para melón de más libras. En Julio, y con un calor que asfixiaba á ¡os artistas, con la colosal peluca nuestro héroe sudaba tinta. Sofocado por los largos cabellos que le aturdían, no hacía más que separarse de la frente y las mejillas las insufribles guedejas, cuando, en la escena más crítica, y al decir en un monólogo abrúmalo por sus cuitas: Santo Dios! ¿qué debo hacer? ¿Qué debo hacerV ¡Pobre víctimal ¿Qué hago? s gritó una voz bronca desde la alta galería: ¿Quiées hace una cosa güeña? Pus vete á pela enseguía. JAVIER DE BURGOS DIBUJO DE XAUDARÓ J) j jv -j f S Í