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No puede fijarse coa exactitud la población del imperio chino, donde se desarrollan en la actualidad los acontecimientos que con razón suscitan en tan alto grado la curiosidad y el interés del mundo entero: según los datos oficiales, trabajosamente allegados por las legaciones extranjeras, er número de habitantes de China excede de trescientos cincuenta y no alcanza ácuatrocientos millones. Aunque la insurrección de los boxers haya rápidamente cundido por todo el imperio, Pekin y Tien- Tsin son los dos puntos que atraen con más fuerza la atención pública; allí está, por el momento, el verdadero escenario, el teatro principal de los sucesos, y allí tendrá forzosamente su desenlace el pav. oroso drama que, no obstante la enorme distancia á que lo contemplamos, tan hondamente nos conmueye. Pekin, es decir, el clásico Pekin, el diseñado por los antiguos geógrafos, con su triple recinto formado por gigantescas murallas, con sus dieciséis puertas de estructura ciclópea, con su palacio imperial que es por sí solo una enorme ciudad, con sus calles pobladas de pintorescos bazares, y embellecidas, por estanques espaciosos, anchos canales, parques extensísimos y soberbios puentes de mármol; este Pekin debió ser, en verdad, una de las maravillas del extremo Oriente; de su pasado esplendor son inequívocas muestras las colosales ruinas de que está sembrado el Pekin moderno, el Pekin de hoy, que es una población feísima, por todo extremo sucia, pestilente, y que por efecto de la secular incuria administrativa y de la carencia absoluta de los elementos más rudimentarios de policía urbana, resultaría inhabitable para los europeos, de no mediar la circunstancia de que los fuertes vientos de Siberia, que á través de las planicies de la Manchuria llegan sin obstáculo alguno y son los predominantes en la capital del Celeste Imperio, hacen el oficio de barredera municipal y sirven para purificar la atmósfera de los miasmas que la corrompen y envenenan. Se supone que Pekin tuvo en los siglos medios de dos á tres millones de habitantes; en la actualidad no liega á un millón. Reclusa por el ritual de la etiqueta china dentro de las murallas del palacio imperial de la ciudad tártara, desde allí gobierna á su antojo, como soberana absoluta, los vastos dominios de su hijo el actual emperador, la emperatriz viuda, la emperatriz regente. Personas competentes que han estudiado, de cerca los asuntos políticos de China durante los últimos años y emitido sobre ellos su juicio en los papeles públicos, pintan á la emperatriz como una figura verdaderamente abominable. pícese que es cruel por, naturaleza, ambiciosa insaciable, fanática basta el delirio por la reacción, é implacable enemiga de los extranjeros. Se ha asegurado que, raro ejemplar de madre desnaturalizada, educó en la molicie al heredero del trono y embriagó su juventud con los más insensatos placeres, aniquilando de propósito su cuerpo y su inteligencia, á fin de que resultase inevitable y notoria su ineptitud para la gobernación del Estado, y llana y fácil más tarde la empresa de arrebatarle el poder. Que la abdicación del emperador, forzosa ó voluntaria, se ha realizado, es un hecho notorio. Recordarse puede también que, no há mucho tiempo, por toda la prensa dé Europa y América circuló la noticia de que el emperador Euaog Hsü había sido estrangulado ó envenenado por orden de su augusta madre. Por último, con relación á informes de algunas cancillerías extranjeras y á los de corresponsales muy acreditadois, á la emperatriz regente se atribuye una gran responsabilidad en el visible mal estado de los asuntos públicos en China antes de ahora y aun en los actuales funestos acontecimientos, no faltando quien afirme que la rebelión de los boxers está bajo cuerda fomentada por la soberana, y que ésta es quien con vehemencia les induce á la persecución y matanza de los cristianos. Posible es, si el hecho fuese cierto, que la regente haya, como vulgarmente se dice, atizado el fuego contra su propia casa, dando lugar con su torcida política y con su ambición desapoderada al derrumbamiento de la dinastía reinante, cuando no á la total destrucción del imperio chino. Cerca de la desembocadura del río Pei- ho, en el golfo de Pe- Chili, es decir, á unas veinte millas de la barra y fuertes de Ta- ku, está asentada Tien- Tsin, donde ocurrieron las célebres matanzas de Junio de 1870, en las que fueron sacrificados el cónsul de Francia, varios misioneros y once hermanas de Caridad. Cuenta 800.000 habitantes. El trayecto hasta Pekin por tierra es de ochenta y cuatro millas inglesas, y se puede hacer á caballo en dos jornadas, teniendo preparados buenos relevos. Nuestro malogrado ministro en China, Sr. España, hizo repetidas veces este viaje en un solo día, teniendo apostados al efecto cuatro servicios de escogidas cabalgaduras chinas. Tien- Tsin es el emporio comercial de una gran parte del norte de China, y es importantísimo su tráfico en pieles de precio, sedas crudas, paños rusos, que se importan para los chinos pudientes, y el baratísimo íé- exportado para uso de las clases más inferiores del imperio moscovita. Es la capital delvirreinato ó gobierno general de Pe- Cbili, y la residencia del que durante un cuarto de siglo ha désenipefiado este cargo, siendo, en realidad, el arbitro exclusivo de los destinos del Celeste Imperio. Aludimos al célebre Li- Hung- Chang.