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¡Ko, por Dios! dígale usted que vite á m a m á emociones que pudieran matarla! E n este momento se levantó el telón p a r a el segundo acto. L a obra giraba sobre la ruptura entre u n p a d r e y u n hijo, u n hijo perverso que durante todo el segundo acto n o hacía más que darle disgustos al autor de sus días, el cual al finalizar el acto le maldecía y le arrojaba de su lado en trágica escena. La ovación á Santos fué muy grande, y el actor, al salir á escena cuatro ó cinco veces, no saludó al publico, sino que saludó declaradamente á la duquesa y á Carlota, con gran asombro de todos los espectadores. La m a d r e y la hija hablaban con gran animación, y de los palcos y butacas se dirigían á ellas todos los gemelos. Pero esta vez quien deseaba marcharse era Carlota, y la que parecía decidida á llegar h a s t a el fin de aquella extraña noche era su madre. -Vamonos. -No. A pesar de mi sordera voy siguiendo el drama y me interesa mucho, y si ese actor cree que con mir a r m e me da una lección ó p r e t e n d e imponérseme, se equivoca. Es u n p a d r e duro con su hijo, y el cómico nos mira como recordándome mi dureza, ¿no es eso? Pues se ha encontrado con una señora que t a m b i é n tiene alma de artista y se identifica con el personaje. -P u e s yo te digo que debemos irnos, porque no es soportable lo q u e e s t á sucediendo. Y a ves lo que pasa; en este entreacto no sube á vernos nadie. ¡Calla y oye! En aquel momento se levantaba el telón p a r a el tercer acto. III Las demasías del hijo llegan al colmo; las primeras escenas de este acto s u b y u g a n al público; la acción va r á p i d a m e n t e á la catástrofe; la deshonra va á caer sobre t o d a la familia, el hijo va á ser preso, su apellido y su conciencia le ponen en el caso de decidir entre la cárcel ó la muerte; su p a d r e es inflexible, la madre le suplica en vano, la novia burlada lo perdona todo con tal de que aquel á quien tanto amó salve la honra. E n la penúltima escena el hijo se arrodilla ante el p a d r e y le declara que allí mismo, delante de él, va á quitarse la vida para que con su m u e r t e queden- todos satisfechos y honrados. Y entonces el padre, al verle blandir el arma con que va á darse m u e r t e con u n grito desgarrador prueba que la naturaleza h u m a n a n o p i e r d e j a m á s sus derechos, y le alza del suelo, le arranca el puñal de las roanos y le estrecha contra su corazón en un abrazo que levanta al público en masa, porque Santos raya á tan g r a n d e altura cuando dice: Los padres que no p e r d o n a n no son padres, son fieras que el público se entrega por completo, y h a s t a la duquesa, que está oyendo inclinada hacia fuera con la m a n o en la oreja derecha, llora como n o había llorado hacía veinte años; y su hija Carlota la abraza, olvidada del público y del d r a m a y dé todo. Y cuando la sala e n t e r a llama á los actores y aclaman á Santos, éste, al levantarse el telón por segunda vez, no solamente saluda al palco, sino que envía un beso que produce u n a exclamación general, y- se arranca la peluca y las barbas y grita: ¡Soy y o! ¡s o y yó! Y Carlota exclama dirigiéndose á toda la sala, llena de nobles, parientes y amigos: ¡Es Ernesto! ¡Es mi hermano! Y el palco se llena de gente, y á la duquesa, desmayada, la llevan en u n sillón al escenario, y allí vuelve en sí, y olvida y besa y abraza y declara cpram populo que Carlota se casará con el compañero de su hijo. EusisBiO BLASCO DIBUJOS DE MÉNDEZ BRINGA