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Ya lo creol- ¿Y tu madre sigue oponiéndose? -I Se ha empellado en que un artista no es un liombje! -Pues hija mía, ya las cosas se van poniendo de modo que todos somos unos; tu madre está por el sistema antiguo, pero como tú tienes ya treinta años- -Sí, podría hacer lo que me diese! a gana, pero no quiero que se muera del disgusto; ya fué bastante gran, de el que produjo la muerte de mi pobre padre con la desaparición de Ernesto. Yo me propongo convencer á mamá- ¿Y cómo? -I No lo sé, ya veré I Por de pronto, tú me has procurado hoy un placer inesperado con llevarme al teatro malíana, porque todo lo que es teatro me entusiasma. -Hasta mañana, pues, querida Carlota. -Hasta mañana, querida prima, y muchísimas gracias. II La sala del teatro estaba llena. Todos los veraneantes ricos ocupaban butacas y palcos. El de la duquesa se llenó de gente en el primer entreacto. Era gran novedad ver á la respetable señora en público, saliendo de noche, y sobre todo llevando al bullicio mundano del veraneo á su hija Carlota, la cual, loca de alegría, hablaba con todos los amigos á un tiempo y se consideraba feliz pasando una noche entre sus relaciones. Había terminado la pieza é iba á empezar el drama. La compañía había pasado algunos años fuera de España recorriendo las dieciséis Kepúblicas hispanoamericanas, y aunque no había logrado tauto éxito y tantos beneficios materiales como la de María Guerrero, se componía de actores muy aceptables, y en especial dos de ellos: el uno chileno y el otro argentino, traían fama de muy notables. El uno se llamaba Oquendo y el otro Santos. De éste sobre todo, habían hecho preventivos y grandes elogios los periódicos de ambos mundos. El drama que iban á representar también era nuevo para el público español. Traducido del italiano á nuestra lengua, habíanlo representado los actores citados en toda la América del Sur, y el traductor ó adaptador era el mismo Santos, que hacía en él el papel del protagonista. Un drama sentimental, algo romántico, titulado Las paces. Se levantó el telón, hizo gran efecto el primer acto, el y gran actor Inoró conmover aún más que al público á Carlota, porque 1 mi -fiVira la dui iu -ia, como era bastante sorda, no le llegaba 1! i iiz del cili Iiri Siutos, del cual decían que era un guapo íiMiZii; pero CHIIKI en el drama hacía de viejo y llevaba peluca y barba- blanca- el publico no le pudo ver como era, ni se ocupó de clin, iini Ui realmente le interesó tanto el personaje, que i l.i ii ii- i i- ii la obra y en lo bien que la inició el actor. adii iU ino Hc U- ocultó la impresión que el artista produjo en Carlota, y desde el final del primer acto se dio por engañada y quiso marcharse, pero no le dieron tiempo para ello los amigos que de nuevo entraron en el palco. -1 Qué acto! J- ¡Qué hermoso acto I- ¡Qué bien lo han hecho I Carlota no decía nada, pero su emoción era tan visible, que no se le escapó á nadie. La duquesa rogó al general que las acompañase á casa, porque su coche no vendría á buscarla hasta las doce y se sentía mala; pero el general echó todo el peso de su antigua amistad en la animada conversación para obligar á la anciana á que se quedara, y aprovechando la entrada en el palco del magistrado, le dijo á Carlotita en voz baja: -Es él, le he conocido, y he ido á hablarle. Ignoraba que estabais aquí, y está decidido á dedicaros todo el resto de la obra.