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D. JACINTO O PICÓN EN SU DESPACHO PICÓN EN LA ACADEMIA El ilustre autor de El Enemigo ingresa hoj- en la Real Academia de la Lengua por la puerta grande, que le abren sus propios méritos literarios, no por el portillo de la docta casa, que ha solido franquear alguna vez la mano del compadrazgo ó de las afinidades políticas. Kcón va al domicilio de los inmortales llevando pocos pero excelentes libros, ideados y escritos con el reposo y la tranquilidad indispensables á toda labor artística, y que el afortunado novelador de Dulce y sabrosa ha podido procurarse gracias á su posición social independiente. BLANCO Y NEGRO solicitó de su eximio colaborador algún fragmento del discurso académico, ó al menos una nota de referencia, y el Sr. Picón, siempre lisonjero con este periódico, nos ha remitido la siguiente interesantísima carta, que con el mayor gusto y el más profundo reconocimiento publicamos. Dice así: Señor director de BLANCO Y NBGEO. Mi muy querido amigo y compañero: Usted, siempre bondadoso conmigo, me pide algunos fragmentos de mi discurso de entrada en la Academia Española, para insertarlos en su precioso semanario; yo, agradeciendo la honra que me dispensa, pero recordando que el próximo número de BLANCO Y NEGRO ha de publicarse antes de que la recepción se verifique, y seguro de que no debo disponer de dicho discurso hasta que sea leído y tenga, por decirlo así, existencia legal, me limito á explicarle por qué al suceder- -no reemplazar- -á Emilio Castelar, me he considerado en la obligación de dedicar íntegro á su memoria mi trabajo. Varias razones á cual más poderosas me han impulsado á ello. La primera, que para hombre tal me parecía pobrísimo homenaje seguir la costumbre de hablar de él sólo en un par de párrafos. La segunda, que siendo yo no más que novelista, observador de las cosas de mi tiempo, aunque tengo gran afición á los libros antiguos porque en ellos veo patentes nuestra grandeza pasada y el fundamento de nuestras esperanzas, carezco en absoluto de autoridad para intentar alardes de investigación, erudición y alta crítica, que han menester cultura j perspicacia que me faltan. Por otra parte, aunque creo que el amoldarse á los precedentes os camino ancho para perpetuar errores y picardías, en esta ocasión los precedentes eran dignos de ser respetados y seguidos. Cuando Í Kafael María Baralt sucedió á Donoso Cortés, le dedicó entero su discurso; y lo mismo hizo con Quintana, al ocupar su vacante, el señor marqués de Valmar. Confieso, por último, que dadas mis ideas me era profundamente simpático el hecho de rendir tributo de admiración al propagandista de la Libertad, hoy que no se aprecia en lo que vale la que se ha conseguido, y se piensa tan poco en la que queda por conquistar. Harto sé que la ofrenda es pobre para aquél á quien se dirige y para el lugar en que he de hacerla; pero quien tiene poco no puede, aunque quiera, ser espléndido; y además, es sabido que las cuartillas son como las coquetas: cuando mayor empeño pone uno en estar con ellas cuidadoso y solícito, es cuando se muestran más esquivas y rebeldes. Un gran consuelo tengo al pensar en mi discurso: y es que los que le oigan escucharán luego el de don Juan Valera, leído porMenéndez Pelayo. Cierto que si la vanidad fuera lícita, yo pudiera envanecerriíe; afortunadamente, soy de los que no confunden lo que logran con lo que, merecen. Reciba usted la expresión de mi gratitud, y créame su afectísimo amigo y compañero, q. b. s. m. J. O. PICÓN Fotog. Framm Madrid, 16 Junio 1900.