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No son estos caprichos puramente madriJefios, porque en París) a sucedido lo mismo. Durante el Imperio, la emperatriz, nuestra compatriota, puso en moda una parte del Bois de Bouloyne, á la que bautizó con el nombre de Madrid, que aún lleva. Cayó el Imperio, y el paseo favorito de los parisienses fué, y lo es todavía, el de las Acacias. Bueno. Pues ahora los madrileños paseamos desde Recoletos hasta el Obelisco, á pie, á caballo y en coche, y es obligación de los de arriba acudir allí todas las tardes á verse unos á otros y es tudiarse unos á otros. No se puede tener un coche sin pa. sarse dos horas metido r: con buen tiempo, con n. -il con calor y con frío. Es obligación de los de en medio pasear á pie, mirando á los que van en coche y mirándose entre ellos para ver si desde la víspera han cambiado de cara ó de vestido. Y los de abajo, ó sean los paseantes de chaqueta y hongo, obreros sin trabajo, albafiiles que salen de la obra, vendedores ambulantes, niñeras, barquilleros, vagos de la plebe, cesantes y mendigos, también hacen obligación de ir á la Castellana para envidiar ó aborrecer á todos los demás paseantes en corte. VV Pero la verdad es que el paseo de la Castellana, sin duda ninguna, constituye el m á s agradable solaz de los madrileños por la tarde. Aquí, donde cada ciudadano apenas tiene la mitad del oxígeno que debe respirar, es casi indispensable irse lejos del polvo y la atmósfera de las calles. No quiere esto decir que faite polvo en la Castellana, porque, eso sí, los ayuntamientos se complacen en ponernos los cabellos blancos y blanca la ropa, y yo creo que están de acuerdo con los médicos para la producción continua de anginas, que son muy íh socorridas para los boticarios; pero, en fin, conforme se va subiendo hacia el Obelisco, se va respirando un poco, y es sabido que en Madrid estamos á seiscientos y pico de metros sobre el nivel del mar; de modo que no hay que quejarse de próvida naturaleza, sino de los indolentes alcaldes y de su tradicional ignavia ¡qué palabritas usamos los cultos! Es, pues, nuestro gran paseo centro de todas las elegancias, exposición de todas las hermosuras, bazar de la cursilería bonita; porque h a y unas cursis en Madrid que, como dicen los académicos de la callé de la Arganzuela, quitan el hipo. En el espacio que media entre la Cibeles ó Isabel la Católica, que son las dos mejores mozas de Madrid y los dos mejores partidos para un soltero, porque ni hablan, ni piden nada, y llevan el mismo vestido todo el año, en ese espacio, repito, se desarrolla desde Abril á Octubre una epidemia amorosa que produce grandes resultados. rDe aquel horno de miradas fogosas, escoltas estudiantiles, vueltas y revueltas de novios juntitos, niñas con los papas en medio como el jamón emparedado, caballistas en alegre cabalgata y niños góticos ó del renacimiento (que de esto no sé nada) guiando los coches, que miran con envidia las niñas casaderas pensionistas del Estado á seis duros mensuales, salen las bodas para Octubre y los sueltos de los periódicos en forma de charadas, anunciando el enlace de la hija de un distinguido exdiplomático que tuvo el cólera e n el año 66, con u n distinguido empleado en Aduanas, sobrino de u n general que no se batió en Cuba. E n la Castellana se ve que Madrid es el pueblo de m á s mujeres bonitas de España, porque si en cada región las hay preciosas, la Castellana es u n a verdadera exposición de regionalismo estético (en el buen sentido de la palabra) Tal duquesa es andaluza, tal marquesa valenciana, la banquera de los ojos que encienden vivo, según expresión á la moda, es gallega; la ministra, que hace olvidar las planchas de; su esposo, es catalana ó aragonesa; pero todas de lo alto de sus coches deslumhran con su hermosura, y como dicen en Barsdona, las hay de guapas! Es lo único que nos queda: rumbo y fantasía, mujeres bonitas, u n sol madrileño y u n paseo de coches que hace olvidar en una tarde de Abril las penas del día y las fatigas de la noche. Al forastero recién llegado á Madrid á quien se le quiera dar gusto, no hay más que mandarle á paseo. Fotografías de Muñoz de Baena EüSBBio BLASCO