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La lectura de ia prensa diaria crispa los nervios al ciudadano menos impresionable. Tres penas de muerte, M crimen de un loco, Asesinato en un penal... De seguro que actualmente tienen mucha menos sangre los carteles de esos ciegos que refieren, acompañando su gangosa voz con los destemplados sones de una gangosa guitarra, el espantoso crimen ocurrido hace pocos días en la Pradera del Canal con dos infelices criaturas hijas de padres desconocidos. Es lo que acaece todos los años. En cuanto terminan las sesiones del Parlamento y el calor aprieta un poco, las rotativas sudan sangre. Yo no acabo de entender esa correlación de la política activa y la criminalidad activa también; pero en cuanto aquélla empieza á sufrir el desmayo veraniego, saltan para sustituirla crímenes y penas de muerte por toda España. Me imagino al director de un periódico diario madrileño hablando estos días con sus redactores. ¿De modo, López, le dice al repórter político, que es ya indudable la continuación de este Gabinete hasta el prósimo otoño? Sí, señor director, indudable. Me lo acaba de asegurar desinteresadamente el propio presidente del Consejo de Ministros. ¡Pérez! ¡Pérezl grita el director llamando al encargado de laseocióítde sucesos, aLproveedor de la sangre fresca, como si dijéramos. Amigo Pérez, el Gabinete sigue 1 Vengan asesinatos! Y Pérez, que no desea otra cosa, lánzase armado de tijera á los periódicos de provincias, y en menos de un cuarto de hora presenta al director numerosos y sugestivos recortes titulados: Unparricidio en Cuenca, Cinco penas de muerte en Soria, Tres pastores asesinados en Albarracín, por telégrafo, etc. etc. jEl número del día siguiente chorreando sangre! ¡Y todo porque continúa Silvela! Yo no conozco más que para servirle á D. Práxedes Mateo Sagasta, pero me consta que es una persona de excelentes sentimientos, amante de la paz y de la tranquilidad públicas, y de su tranquilidad privada sobre todo; pues bien, sin conocerle más que un poco de vista y otro poco de oídas, como todos los españoles, me atrevo á suplicarle declare á los cuatro vientos de su famoso comedor que Silvela caerá del Gobierno antes de la terminación de Julio A ver si de este modo vuelve el hervor político y cesan los crímenes, porque es mucho más agradable la palabra crisis que la palabra asesinato Como que la primera frase tiene un no sé qué de alegre, á lo menos en nuestro país, y no hay español que la pronuncie sin que se le encandilen los ojos! Se parece al champagne: hace cosquillas antes de beberlo. iQué regocijo cuando salta el corcho! I Qué alegrón cuando salta un Ministerio! Lo dicho, Sr. Sagasta: aunque no lo crea usted, prediga la caída próxima del Gabinete actual, para que desaparezcan de nuestros ojos los cadáveres sanguinolentos de los tres pastores de Albarracín asesinados por telégrafo. El ilustre literato Sr. Balart ha aceptado la dirección artística del teatro Español, y según afirman sus íntimos, está decidido á meter á los actores en cintura. Y no añado á las actrices, porque ya ellas se aprietan sus gentiles talles todo lo que pueden. En la temporada próxima no habrá, según parece, en el teatro Español actor que rechace un papel por considerarlo inferior á su categoría, ni actriz que no sepa el suyo de carretilla. Los últimos ensayos de las obras se efectuarán sin apuntador, y los histriones de ambos sexos sacrificarán sus personales lucimientos á la belleza del conjunto. Ay, Sr. Balart, bien se conoce que es usted el poeta de Dolores! iPero qué terribles los que le va á usted á proporcionar esa dirección artística! El eminente crítico ha instalado ya su despacho en el saloncillo del teatro Español. Yo que él, lo hubiese puesto un poco más lejos: en la botica inmediata. De todas suertes, la personalidad del Sr. Balart realza los prestigios de la casa de Calderón. Pero aprenda el Sr. Balart del propietario de la casa, ¡Está siempre fuera! Ni á tres tirones lo meten en su domicilio, ¡y eso que se halláoste tan cerca de la plaza de Santa Ana I Se ha cerrado la Exposición de las obras de Goya, mucho más visitada en los últimos que en los primeros días de su instalación. Los madrüeños pensarían indudablemente que los cuadros de Goya, como los vinos, ganan con el tiempo, y no se daban prisa á saborearlos: cuanto más viejos, mejores. En fin, aunque un poco tarde, todo Madrid desfiló por el Ministerio de Fomento, y fué descubierto Goya. No consigue ciertamente igual, merced el excelente hombre público D. Claudio Moyano, quien á pocos pasos del Ministerio espera desde hace lo menos seis meses que le descubran. ¡Seis meses envuelto en una sábana! No era precisamente el Sr. Moyano un tipo de belleza varonil, pero tampoco su cara daba motivo para tanto. Creo que esa estatua se debe á la. iniciativa de los maestros de escuela, á quienes protegió muchísimo el insigne D. Claudio. Si no la descubren hasta que los paguen, digamos con música y letra de otro maestro, del ilustre maestro Bretón: ¡Sábana para rato hay en Castilla! PABLO DE B L C A N O Foioiipia Hau er y Menet