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f M toW T Vv, Es don Roque Lagunas un II. de treinta y cinco abriles, alto I moreno, no mal mozo, rico, soii- r- y hiombre de pocas letras aTi iN l Mi Cacique vitalicio de Valdefli ii gobierna sin que nadie le pon jii ii. i. y un coro de danzantes y vividores forma la guardia negra que tiene en casa. Dicen los envidiosos- -i quién no los tiene! -que allá en sus mocedades era un perdido, y que su actual riqueza toda proviene de un origen que juzgan mal definido. El, en perfecto acuerdo con la conciencia, no abandona el camino que se ha trazado, y sus artes ladinas y su experiencia le evitan rozamientos con el Juzgado. Mas como el hombre nunca se satisface y cuanto más consigue más ambiciona, al ilustre cacique ya no le place que se oculte lo excelso de su persona en aquel lugarejo, medio escondido entre el repliegue abrupto de una montaña: pretende el buen don Roque ser conocido no sólo en Valdeflores: en toda España. Y fiado en su audacia, en su buen porte y en la suerte, que siempre le fué propicia, endereza sus pasos hacia la Corte, seguro de que en ella le harán justicia. Llega resuelto á todo, y á un su pariente que pregunta la causa de aquel viaje, le contesta con tono seco y valiente: Vengo á ocupar mi plaza de personaje. Los que al saber la frase se sonrieron, ya sospechan que acaso no se equivoque, pues con menos recursos que el buen don Roque otros muchos caciques lo consiguieron. AGUSTÍN FERNANDO DE LA S E R K A DIBUJO DE BLANCO CORIS N. V 1 r i