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binación con el tranvía do la Bombilla. Estos peregrinos llevan el presupuesto muy limitado, y no llegan más allá de una docenita de buñuelos con su baqueta ó aguardieute correspondiente y una h o r a de conversación con la camarera, hasta que, levantándose el más autorizado, como si dijéramos el jefe de la expedición, dice apretándose el nudo de la corbata y arqueando sobre la cara las alas del sombrero flexible: ¡Malegro verte güeña! palabra mágica á la que contesta la camarera, que también se trae su estilo: ¡Anda y que te den dos duros! lío faltan tampoco en las verbenas los tan acreditados padres de familia que se lanzan á la a v e n t u r a llevando á remolque á la mujer y á varios niños que de todo piden, y si no se lo compra su padre, le amenazan con tirarse al suelo y revolcarse. P ste tipo también es clásico, y si va á la verbena es por tradición, por un deber; el p a d r e de familia no s e puede acostar decoro sámente aquella noche sin haber llevado por lo menos un santo de barro pintal. AS FRAGUAS DE VULCANO do por los propios gentiles, un pañuelito, sujeto por las cuatro puntas, de avellanas y torraos, y un tiesto de albahaea; eso es lo de cajón. La mujer, espíritu ahorrativo, se adelanta cada vez que su marido se dirige á u n puesto, para decirle en las propias nari ees del vendedor: ¡Pero Damián, no compres eso, que es una porquería! Y naturalmente, el vendedor dirige á la señora miradas de agradecimiento. Los niños, después de varias súplicas, h a n conseguido que su padre les compre unos matasuegras y varias cabezas de ministros á cinco céntimos cabeza, más baratas que en las revoluciones, con lo que van n o s DEVOTOS DE BAGO colocados á la vanguardia del matrimonio armando un ruido de todos los demonios. Como hay gente para todo, hay individuos que, no contentos con ir una noche de verbena, se van á vivir allí y se pasan cinco ó seis días, y hasta comen con los fenómenos de las barracas, apreciables sujetos que generalm e n t e no son fenómenos hasta que empieza el espectáculo. Estos amateurs están en el secreto, y saben hasta los churros que se venJ. OS FRESCOS UE AHORA den en el día. Los aficionados visitan el templo de San Antonio para admirar los frescos de 6 o y a por m á s que en clase de frescos los hay en la verbena muy superiores á los del pintor- aragonés. Y ya una vez inaugurada solemnemente la temporada de verbenas, venga jaleo de largo, alegría y humor, que en eso tenemos en E s p a ñ a más capital que el que figura en el Empréstito. Y aquí doy paz á la pluma. L u i 3 GABALDÓN A VER LA VERBENA Fotografas de Asenjo