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empezaba á recobrar la conciencia, consultaba de nuevo aquel soberbio regulador del tiempo y suspiraba lánguidamente; Esta borrachera me ha durado doce horas y veintitrés minutos. Pero el orden pide más orden, y como su cerebro- -no muy firme- se fatigaba al hacer el recuento del día cuando llegaba la hora de recogerse en algún banco del Botánico ó de la Plaza de Oriente, nuestro sablista resolvió comprar u n cuaderno de apuntes y u n lápiz, y desde aquel día llevó cuenta exacta de sablazos y borracheras. Y cuando vio por escrito lo que hacía, tuvo vergüenza de sí mismo y pena por el reloj. Vo era empleo digno de aquel soberbio cronómetro el empleo que él le estaba dando. i Que aquella perfecta máquina sólo sir j; viera para medir tales miserias, era u n verdadero dolor I ¡Que aquel volante de í) marcha tan uniforme fuera al compás f de vida tan irregular, era crueldad in V. concebible! ¡Que aquellas agujas tan ele gantes, tan severas, corriesen por la j blanca esfera marcando borracheras y sablazos, era una verdadera infamia! Y el sablista pensó seriamente en corregirse. Pero cierto día que estaba bebiendo en una taberna, cometió la imprudencia- de sacar varias veces el reloj para anotar los minutos que mediaban de u n vaso á otro, y un agente de policía que se hallaba disfrazado en una mesa próxima, al ver en tal persona tal prenda, creyó que se las había con u n ladrón y le echó mano. A la vuelta de unas cuantas horas, le quitaron el cronómetro y dieron con él en la cárcel. La desesperación del sablista fué gran T B i t T ¿e ¡Él serla sablista, él sería borracho, vergüenza no tenía mucha, pero en todo hay grados y clases, y él no era ladrón. Y como realmente no lo era, y como acudió á todos sus amigos antiguos con acentos conmovedores de inocencia y dolor, y como Luis no se había suicidado y se presentó al fin y dijo la verdad, al cabo de seis meses recobró su libertad el sablista. Y lo que es más maravilloso, recobró su reloj! ¡Y lo que es muchísimo m á s prodigioso que todo esto- -y quizá sea el único caso que se cuente de prodigio semejante, -de la cárcel salió regenerado! Y el cronómetro le sirvió en adelante para medir largas h o r a s de trabajo, breves horas de descanso, brevísimas horas de sueño. El cronómetro representaba el orden, el tiempo relleno de algo útil, la vida fr- que corre por buen cauce, por cauce recto, no por despeñaderos. Asi el antiguo sablista subió y subió agarrado firmemente á las horas y á los minutos del cronómetro. Tina noche, al volver á su casa, le salió al paso u n hombre desarrapado que le pidió limosna: era Luis. E l antiguo sablista se conmovió, le dio todo el dinero que llevaba, y cuando el joven se retiraba avergonzado casi, el otro le detuvo, y devolviéndole el. cronómetro le dijo: -Ya no me hace falta. Cuenta las horas, cuéntalas bien, que bien contadas las horas de u n reloj, sirven para muchoe JOSÉ D I B U J O S IJE M E N D Ü URINGA ECHEGABAY Ue la Real Academia Española