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KCXvI PSKS Jardines del Retiro próximos al Observatorio Astronómico. D. Anionio Alvarez, coronel de Infanteríc retirado, sentándose pesadamente en un banco. D. ANTONIO. -Ea, echaremos trn cigarrillo en banco. ¡Malditas piernas 1 están más retiradas que i IY pensar que son las mismas, salvo las naturales mudanzas y las mudanzas dé! r 6 ú ma, que tenía en mis tiempos de teniente! Las mismas que escalaban balcones, ¡nadie lo diría, mi coronel! ¡Paciencia! Encendamos un cigarrillo. ¡Hermoso panorama! Aquel edificio que se divisa en lo alto del cerro es el Observatorio Astronómico. Los sabios que allí trabajan habrán tenido gran fiesta con el eclipse de sol; una especie de capitán general de los fenómenos celestes. Pero después de todo, ¿qué es un eclipse? ¡Tengo yo y tenemos todos en nuestras vidas tantos eclipses! No hay sino abrir el cajoncito donde todos los viejos i: vamos almacenando esa filosofía ramplona que se escapa de los años, para sacar eclipses á porrillo. Tuve yo un compañero de promoción que guardaba afanosamente los terrones de azúcar que nos sobraban en el café. ¿Para qué quieres tanta azúcar, Pérez? solía preguntarle; y él me respondía sonriendo: ¡Para endulzarla vejez! Y ahora comprendo la manía de Pérez; más vale tener cuando uno llega á viejo un cajón lleno de terrones de azúcar, que lleno de filosofía. ¡Eclipses, eclipses! Anoche precisamente me dio el reuma un beneficio. ¡Qué dolores en las piernas con el calorcillo de la cama! Bonita noche para mandar al diantre el salicilato. Pues bien; por ver si podía calmar de algún rnodo los dolores malditos, hice como que los despreciaba y me empeñé en recordar la cara de una novia hermosísima que yo tuve recién ascendido á capitán y estando de guarnición en Zamora. La mujer que más me ha gustado en el mundo. No tenía otro defecto que vivir cerca del río. Haciéndole el amor, pesqué yo este dichoso reuma. ¡Y nada, por más vueltas que le di, mientras el dolor saltaba del muslo al tobillo, me fué imposible recordar aquel rostro adorado! ¿Era rubia? ¿Era morena? Ni aun eso sé, que no sería saber mucho; su imagen se ha borrado por completo de mi memoria. ¡Eclipse total para todo lo que me resta de vida y de salicilato! Y yo me pregunto: si ahora se me antojase plantarme en el Observatorio de enfrente y decirles á los astrónomos: Á ver, ustedes qué tanto se preocupan de los eclipses, ¿cómo era la cara de la novia que yo tuve siendo capitán y estando de guarnición en Zamora? ¡Porque se me ha eclipsado! Aquí- -me responderían después de enviarme al demonio, donde ya estoy en compañía del reuma hace mucho tiempo, -aquí no nos preocupamos de eclipses de caras, sino de eclipses de sol. ¡Pero si era un sol su cara! argüiría yo esquivando el golpe del instrumento que me tiraran la cabeza. ¡Señores, un sol, no sé si rubio ó si moreno, pero que habitaba cerca del Duero! De eso tengo la evidencia por los dolores reumáticos ¡Ea, mi coronel, ese otro sol tan admirado por los sabios de enfrente se está poniendo ya, según su costumbre, y á ti te ha dicho el médico que no estés nunca al anochecer fuera de techado! Recoge las piernas y á casa. ¡Compañía, firmes! ¡Buena está la compañía! Un, dos, un, dos Cualquier quinto marcaría mejor el paso. Lo dicho, señores astrónomos; ¡me río yo de esa sublime ciencia que no reconstituye las imágenes de las caras bonitas eclipsadas! ¡Si supieran ustedes siquiera curar el reuma... JOSÉ DB K O U R E DIBUJO DE MÉNDEZ BRINGA