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rio; que por lo que toca á la Virgen, para él no hav nada en los cielos ni en la tierra como la Señora. Acabada! a misa salió la procesión. Todo cuanto te diga es poco para ponderarte la majestad de esta sencilla ceremonia. E n pleno campo, bajo un cielo azul purísimo que el sol abrillanta, muévese el ordenado concurso; las H e r m a n d a d e s por su categoría, con todos sus estandartes é insignias, con sus tamboriles batiendo una pomposa marcha pastoril; los romeros que cumplen votos, las músicas, la clerecía con sus ropajes blancos y dorados, la Virgen áurea, refulgente, llena de luz y de amor, entwe ráfagas que parecen rayos del sol mismo, con su corona estrellada hollando la luna y bendiciendo los campos henchidos de aromas con su sonrisa de paz y de alegría. Al columpiarse los incensarios, parecen luceros que van y vienen guiando el trono por el mundo; chorros de humo azul y oloroso envuelven la imagen; gritos mil de u n entusiasmo que hincha loa corazones mueven el aire, sacudido á la vez por centenares de ruedas y cohetes que estallan y se desgranan en la altura. Todas las músicas lanzan sus sones; todas las campanas, sacudidas por febriles manos, estremecen el concurso con el vibrar de sus bronces; la tierra arde, los ojos lloran, las manos se alzan en un anheloso afán de llegar hasta la Virgen, y ojos piadosos creen ver cómo el pozo rebosa y echa sus aguas fuera al paso í- de la procesión y á vista de la. imagen. E n esto, óyese un clamoreo que parece un trueno lacri- w- moso Algún milagro: algún mudo que habla, algún para Utico que estira sus remos el suceso siempre pedido y siempre esperado. Desde lo alto de las carretas las mujeres gritan, gesticulan y envían besos á la Virgen; los hombres gritan también, y como espoleados por súbitos impulsos, galopan jinetes en sus caballos andaluces, como corriendo la pólvora por aquel llano ardoroso. Te digo que no puedes imaginar cosa más bella ni m á s soberbiamente pintoresca que esta procesión sin alcaldes, sin civiles, sin más bastones de m a n d o que las varas doradas de los mayordomos y el bonete giganteo del señor cura. No queda un romero sin su cinta y su rosa plateada, y las llevamos además por docenas, para regalo de los que n o vinieron. De estampas, un Cargamento; y de rosarios y medallas, por fardos. Cuando la Virgen entró en su casa, entró el vértigo de marchar á toda la gente. Yo me he metido en el aposento mayordomal para escribirte ésta, en tanto que enganchan las muías y preparan el carro. Y como todo el m u n d o tragina en lo mismo, el real parece campamento de un ejército que se da á la fuga. Doña Micaela está que trina; base encontrado al carrero con u n a zangarriana muy decente, y t r a e á las mozas al retortero, recogiéndolo todo, acomodándolo todo, con su espíritu casero de hormiga hacendosa. Don Bartolomé echa tabaco y filosofa, dejando hacer á su hermana, en tanto que afuera s e oye el e s t r u e n d o de la marcha, las voces de los carreros, el pataleo de las bestias, el son de los incansables y durísimos panderos, que aún viven, a u n q u e parezca milagro; el coro m á s incansable de las voces h u m a n a s y el golpeteo de la porreta en el parche de los zumbadores tamboriles Al pasar por delante de mi aposento, va cantando u n mozo: ¿Pa qué quiés más compaña ¡Qué sola te queas que la de tu Niño? VirEon del Rocío! Sí: ¡qué sola te quedas! Nuestro carro es el último que sale del real. La caravana inmensa se desparrama á lo lejos con toda su gritería. Aquí queda sola y triste esta llanura saloíí bre, impregnada dé olores de marisma, manchada por los detritus y des 1 1i lio 1 T ol.i b u m a i n H n i luirusta serenidad va envolviendo al 1 I i ii. Ui i- iiic (en -ii iKiiid 1 con r u m o r de suspiros y de rezos; 1- -iiijliic. i- marismeñas se desperezan á los Diilii- de I i iirisa salada; el campanario blanco -ili iii ii i parece un palomar saqueado; la U I i di -i.i nsa, el t e r r u ñ o duerme... Al carro, eh, al carrol me gritan. Al carro, jayl y que Dios me amparel ero yo también he de soltar la mía, ahora q u e estamos solos: 4 iQué sola te queas, Virgen del Rocío! A d i ó s adiós, tunantuela. Compadéceme Ruega por mis huesos! J. NOGALES FoiOf Caries Locare. S villa