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I H v 1 i Fotng. E. Beaxichy, Sevilla KIv CARTAS ROCÍO A MI PRIMA (IJ in Con el poco dormir y el grandísimo cansancio, ando por aquí como sonámbulo, prima mía. Ya no sé si laa cosas pasaron en un día ó en otro, y con este tamborileo incesante, los sesos se me hacen agua. Anoche hubo gran Eosario de gala, que hizo estación en los sitios donde acampan laa Hermandades. Con este motivo hubo refresco en todas ellas, y cuál más, cuál menos, quemaron vistosos fuegos de artificio y derrocharon cohetes. Dicen que los navegantes que á esas horas buscan la entrada de la barra de Huelva ven estos fuegos, y desde el mar les parece cosa divina este lujo y esplendor. Parecíamelo á mí, que estaba en tierra, porque te juro que ninguna fiesta tan verdaderamente popular y andaluza vi en mi vida. Aquí el pueblo es amo y señor, sin que ningún poder, si no es el de su entusiasmo y fervor, lo refrene, y en esta confusión en que la bebida no se tasa ni se atan las lenguas, apenas sucede cosa fuera de los términos del orden. La marcha del Rosario parece una fantasía: aquel relumbrón de faroles en el obscuro campo, aquel largo desfile de luces movedizas entre la masa rumorosa de gente que reza ó canta, las paradas ante las Hermandades, apercibidas con sus estandartes, sus varas doradas y sus carretas engalanadas con ramas de adelfa y hierbajos bien olientes; todo aquel estruendo en que se confunden voces, másicas, rezos, repiques y estallidos, es algo conmovedor que lleva al corazón alegría: la alegría de vivir entre gentes buenas que saben ver el mundo por el lado menos feo. El mayordomo de Almonte invitó á las Hermandades para la función de hoy, y con este motivo hubo muchos comedimientos y cortesías, que no dejan de ser graciosos. Acabado el Rosario, continuó la danza y jaleo, y algo más tarde repitióse la escena de los mosquitos, que verdaderamente nos comen. El capellán bTiudóme con cierto refugio seguro dentro de la ermita, de que él tiene la llave, y me apresuté á aceptarlo, dejando á mis amigos que se defendieran, y aun advirtiendo á doña Micaela que mudase de. cama, por si acaso sobrevenía otra inundación, de la que habría mil envidiosos. Antes dé la función se celebraron no sé cuántas misas, que oyeron las Hermandades, y en la ermita no ca- bía un grano de trigo. Cuando empezó la solemne, pensé ahogarme: tal era el calor. El sermón fué de lo bueno; al menos ningún otro me hubiese parecido mejor, dicho en aquel pulpito desde el cual se ven leguas de campo y se oye el balido de los ganados marismeños. Mi buen amigo el P. Capellán echó el de siempre, y ojalá no lo varíe, pues, como él dice, para quien es padre buena está la capa: esto es refiriéndose al audito 11 De las (res csrtas premiadas en los últimos Jufgosfloralesde Sevilla con el premio concedido por la Srma. Sra. Condesa de París.