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d e l a n t e La obscuridad se h a c í a cada vez más densa; y el gener a l Martínez Campos, que había venido como matrimonio joven en el tren rose contemplaba el fenómeno sejitado en una cuba. Le ofrecieron una silla, pero la rehusó, é hizo bien; ios e c l i p s e s en Cuba. Todos, incluso el señor Villaverde, m i r á b a mos silencios a m e n t e al cielo. ¡Hemos puesto lo. s. esp a ñ o instantas vacíes el grito en él sin conseguir na S. A. R. LA INFANTA DONA ISABEL OBSERVANDO EL ECLIPSE DESDE LA TERRAZA DE LA FÁBRICA DEL S R D I S D I E R da! S. A. la infanta doña Isabel, que había sido objeto á su llegada á la estación de Argamasilla de un cariñoso recibimiento, se encaminó á la terraza de la fábrica del Sr. Disdier, seguida del ministro de jornada. Este no llevaba ningún aparato oficial para observar ei fenómeno, ni tampoco preguntó por telégrafo al Sr. Silvela como aquel gobernador de marras: En este momento se inicia un eclipse de sol; ¿qué hago? Y por cierto que no faltaban entre los viajeros de ambos trenes reunidos en Argamasilla de Alba algunos fusionistas que hubiesen acogido con trasportes de entusiasmo la respuesta que dio Eivero al telegrama en cuestión, si el Sr. Silvela la hubiese ampliado de este modo: Haga usted su dimisión y yo haré la mía. -Francisco. Pero esto ya hubiese sido demasiado fenómenol El celeste llegaba á su plenitud, y lo misrno á los astrónomos de lujo que á los astrónomos rosa, se nos iba poniendo carne de gallina, como á los de Alcázar de San Juan se les pondría seguramente en el mismo momento carne de merluza. El espectáculo era grandioso, imponente, indescriptible. Todos veíamos unos tonos de luz como no habíamos visto ni sospechado jamás, y nuestros cuerpos proyectaban sombras tan fantásticas, que parecía que iban á ponerse á bailar una danza macabra. La danza de las sombras ondulantes. Palabra, que por muy sereno que se tenga el espíritu y por muy confiado que uno esté en que no va á pasar nada más que el eclipse, éste produce cierto malestar ó cierto desasosiego que no es miedo precisamente, pero que se le asemeja bastante. EL REGRESO DE UN ASTRÓNOMO Un miedo instintivo, irracional, indigno de toda persona medianamente culta, pero no por eso menos cierto ni menos positivo. El regreso á Madrid de los expedicionarios fué felicísimo, y nosotros escuchamos muchas frases de alabanza en honor del Sr. Süss, director de la Compañía de Madrid- Zaragoza- Alicante, á cuya iniciativa se debió la organización de los trenes especiales. Con personas de su capacidad y su cultura alcanzan maravillosos resultados las grandes empresas. El 28 de Mayo fué el jefe de losíerrocarriles del Mediodía el OBSERYATORtO DEL S R ROMERO ROBLEDO hombre de moda. Todo Madrid se dijo: I Süss, y al eclipse I s- ¿T para ver esto han venido á España tantos astrónomos extranjeros? Si ese es eZ eclipse de todos los años I fotogroifias Franeen, hechas expresamente para BLANCO Y NEGRO