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podría creerse que nos hablamos ensayado con otros eclipses I Los redactores de BLANCO Y N B- GRO, que tenían la fortuna de ser acompañados á Argam. asilla p o r el ilustre literato y a c a d é m i c o de, la Española Sr. Fernández Flórez, el redactor de El Impareial Sr. J i m e n o Vizarra y el de El Liberal Sr. del Eío, subieron al break que el Sr. Sü? s había proporcionado galantemente á n u e s t r o director. Silbó la locomotor a s i n acordarse por esta vez del ministro, y arranASPECTO DE LA ESTACIÓN DE ARGAMASILLA A LA LLEGADA DE S. A. LA INPANI A DONA ISABEL có el convoy de lujo, siendo saludado por los matrimonios jóvenes del tren rose, los últimos ¡oh Dios! en llegar al fenómeno. Y qué calor, queridos lectores! El sol se desquitaba de la próxima y m o m e n t á n e a ocultación de sus rayos y nos abrasaba con todos ellos, como diciéndonos: ¡Tomad eclipse I L a vía echaba chispas lo mismo que si acabara de pasar el tren botijo, y en el cielo no asomaba u n a nube. Esto no tiene n a d a de extraño, porque varios astrónomos nacionales y extranjeros amenazaron de m u e r t e en Elche á un sujeto que se presentó con una n u b e en u n ojo, y sabedoras de ello las otras nubes, estaban m u y escamadas. Ello es que todos llegamos á la primera estación sudando la gota gorda. ¿Dónde estamos? preguntó u n viajero curioso. En Villaverdes, le contestaron; y el h o m b r e dijo pensativo: ¡Pero cómo se progresa en todol Ya las aa estaciones vienen dentro de los trenes! La primera t a n d a de viajeros se trasladó al coche- restau 0 rant, oyendo con admiración que B n lHkiirl l maítre d Mtel les recomendaba m. fSÍH S í Almuercen ustedes tranquilaS ¿F H IK sS mente de aquí á dos Bocas. ¡Eso V y BBñ demasiado, contestaban los viajeros, aun en día de fenómenos! E n nuestro break comentábamos la merluza ofrecida por el SEÑOR N S U S S fondista de Alcázar de San J u a n DIKECTOU DE LOS F. C. DE M. á todos los que almorzaran en su establecimiento. ¿Pero cómo h a b r á podido procurarse ese afortunado industrial tantas merluzas? decíamos. Y alguien respondió: Pues h a b r á muchas m á s después del almuerzo! El nuestro (nuestro almuerzo) sin merluza, fué digno de nuestro apetito, y al llegar á Alcázar, con los horrores de la p- -digestión nos lanzamos á I los horrores de las apreturas de los botijistas recién merluzados. Y COMO LO HAN VISTO LOS DEL TREN ROSA ¿Con qué ha sido? ¡A la vinagreta! El andén estaba lleno de astrónomos á la vinagreta y de vendedores de tubos y cristales de color para observar el eclipse. ¡Hasta los molinos de viento próximos á la estación tenían sus correspondientes vidrios ahumados! Hicimos provisión de aparatos, y á Argamasilla. ¿Qué llevará el ministro para ver el eclipse? me preguntó uno; y yo le dije: Los presupuestos de colores. Llegamos al fin á la importante villa manchega cuando sólo faltaba para que comenzase el fenómeno la aparición del tren rose. E s t e no se hizo esperar, y al tiempo que descendían de él los matrimonios jóvenes, surgió el primer OBSERVATORIOS PORTÁTILES contacto. Estábamos en pleno eclipse. Lustonó se nos ponía por 3 F EN ARGAMASILLA