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s -s t- ii- pr- r j í S ftrSííi 3 m Í i a í r Í j k S! s. fc- i EL ESQUELETO Al saber Mariano Gormaz como su amigo Oar Marañón se encontraba recluido en u n a de esas que por ironía del lenguaje se llaman casas saíwá, corrió á visitarle, ansioso de ver si ca- iíí Sí A- JTHfe aigaH j jHH BSBBSL MK extranjero, y el cariño que profesaba á 4 M H H 5 t v- i, Carlos se despertó violentamente con las t r i s t t s J E H r! a P y noticias. Locol ilocol Imposible. Sería pasajero n H f c- 1 JBrM 1 1 I I lili, melancolía originada por desengaños amoro Lr E. rjBiy ii íbrantos en la hacienda, ak uno de esos golpes T 3 BELr- LIa I mentáneamente pueden ofuscar la razón más elaJ j Bn HE lie Seguro se creía Mariano de que al acercarse t íéí B Si S S j -ü 1 i i i- o, lograría disipar las nieblas que le obscurecían C? 5 S Sfl gS e i I i it iro, arreglar J o s asuntos origen de su preocupa t j ¿r f i S g- p j f c 3 H M h i j H H I 1 i- aerle de nuevo á la vida de los que a n d a n por el W ¿í p í- í, í parecer muy cuerdos, -aunque Dios sabe lo T i 5 jf J qii i r í a á mirarlo despacio y bien í ii? í t- y- V Stos propósitos franqueó Mariano la verja del l5 í jl 5; t cruzó el jardín, y en una sala alhajada con alar, T V v í? ¿ifc r gusto, q u e adornaban grabados ingleses re í Íí 5 j -i s í o y del Quijote- -los dos ilustres dementes de- Í? Í i i I Miiírmo. Iba á estrecharle en sus brazos: pero Car C k ii ii- iii! i 1.1 ii. aldad, la extinción de los afectos que caracteriza V T i 1... -i! i 1.1 I -1.1 nos mentales. -y- j! i. i 1. del loco, respondió el cuerdo con extremos y lililí- 1 i ii. 1,1 n 1 sú terror era que Carlos ni aun le reconociese. Y ...111. -1 1 m I 11. i l. II.1 ese el hielo, empezó Carlos á responder á las de I 1 I 1 ias, y su. faz demacrada se animó con ese reflejo 1. I I- n i. I I a h e r m o s a luz de la conciencia. -Te h a b r á n dicho que estoy de remate- -pronunció pasando u n brazo alrededor del cuello de Mariano y arrastrándole á u n sofá. -Te h a b r á n contado que (y se tocó la sien con el índice. No hagas caso. Y a ves, si estuviese (y volvió á apoyar el dedo en el mismo sitio) no hablaría con esta serenidad; me exaltaría, gritaría, querría salir, escaparme Pregunta tor. pregunta á los criados, á ver si he tenido u n instante de arrebato, á ver si se me han S 1. 1. duchas, ni se me ha puesto camisa de fuerza, ni se h a n enrejado mis ventanas, ni se me h a registrado siquiera Aquí llevo mi certificado de juicio Mira. Diciendo así, echó mano Garlos al bolsillo, y con movimiento rápido desenvainó la reluciente hoja de un cuchillo inglés. Sin querer, Mariano se estremeció. A nadie le gusta ver un arma en manos peligrosas. Carlos sonrió tristemente y envainó el cuchillo meneando la cabeza. ¡También tú! -dijo suspirando. ¿Y qué tiene de particular? Pero no te asustes. ¿Quieres que te entregue el cuchillito? Anda, toma ¿No quieres? Porque deseo que escuches con tranquilidad la historia de mi venida á este agradable retiro, donde tan satisfecho m e encuentro. Sintió Mariano vergüenza. No es grato confesar el miedo, impulso al fin mezquino y bochornoso. de nuestra naturaleza animal, así como el valor y el desprecio de la m u e r t e afirman con arrogancia la espiritualidad de nuestro ser. -No sé si m e comprenderás- -empezó Carlos cuando vio á Mariano dispuesto á oirle. -Hay cosas que por dentro aparecen clarísimas; pero las necias, las m ú d a s e l a s imperfectas- -las palabras, vamos- -no las expresan ni en parte ni en todo, y entonces cuánto se sufrel Adivíname, Mariano, cuando no encuentre fórmulas en el lenguaje Recordarás que hará cosa de año y rnedio tuve que ir á mis posesiones de la montaña allá en mi país, á fin de arreglar asuntos embrollados que reclamaban mi presencia. Me quedó allí una casa antigua y grande, donde pasaron largas temporadas mi abu lo, mis padres y mi tío y padrino el general Ma rañón; casa que está llena d e rastros y recuerdos de esos seres queridos y respetados por mí supersticiosam e n t e El tocador de mi m a d r e conserva a ú n en sus cajones frascos de esencia, cintas, guantes y abanicos rotos; en el escritorio de m i p a d r e encontré cartas amarillentas, borradores, apuntes, pedazos de su vida, que m e causaban u n a emoción religiosa. Mis p a d r e s! Yo puedo ser malo, hasta criminal; ¡pero ellosl No habién-