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Maravilloso fenómeno, en verdad, es un eclipse total de sol. Dura un minuto, minuto y medio ¿poco más, y por ese mezquino espacio, de tiempo conmuévese todo el mundo científico. A España están llegando sabiosde todas partes y íwmtos de todas las naciones. ¡Ni la vuelta de Guerrita al toreo produciría tal expectación! Mas no ha de extraSarse este movimiento, ü n eclipse total de sol, sin ser un inirlo blanco, es cosa demasiado rara y de sobra importante para desdeñarla. Por estudiar el eclipse de 22 de Diciembre de 1870, Janssen, que hallábase cercado en París por los prusianos, no vaciló en meterse en un globo con todos sus apa: ratos y burlar el sitio. En Inglaterra hay constituido un Comité para la observación de eclipses totales de sol. Ni uno pasa inadvertido para ese Comité de la Vigilancia celeste. El eclipse del lunes ocupa una zona estrecha y larguísima. Es una cinta que abraza medio mundo. Comienza en el Pacífico, más allá de Méjico, á más de 2.000 leguas de España, y termina en Egipto, á orillas del Nilo, cerca del mar Eojo. En recorrer medio mundo ha tardado la sombra en la luna poco más de tres horas y cuarto. El cabo Torifiana, en Galicia, es el primer punto de España donde comienza el eclipse parcial, á las dos y veinticinco minutos de la tarde. En Madrid, Gúadalajara, Soria, Pamplona, Toledo, Sevilla y Cádiz, la luna empieza á tapar al sol hacia las dos j y treinta y siete minutos, y poco después se hace visible en toda España. Pero en todo ese tiempo el eclipse es parcial, á medias. El sol va tapándose gradualmente, pero se ve un trozo, y la luz es abundante, y la corona no aparece. El eclipse total no se inicia hasta las tres y cuarenta y siete minutos en Portugal, tres minutos después en Plasencia, uno más tarde en Navalmoral de la Mata, y á las tres y cincuenta y ocho en Elche, abandonando á España. La zona donde el eclipse es total, forma en España una faja de unos 750 kilómetros de larga por 80 de ancha en Plasencia, y no más de 70 kilómetros en la. parte de Elche. La faja se va estrechando hasta que se anula en Egipto. La duración mayor de la totalidad corresponde á Plasencia, la menor á Elche y Santa Pola. Es sorprendente la exactitud con que predicen los astrónomos las fases de un eclipse. ¿Cómo es posible anunciar un eclipse con esa precisión y con esa seguridad? Vamos á explicarlo sencillamentei Para conocer el cielo y fijar la posición de una estrella, de la luna, de cualquier cuerpo celeste, los astrónomos han ideado un sistema semejante al que usamos en las poblaciones para saber dónde vive un individuo. Qalje tal, número tantos, piso decimos nosotros, y una cosa parecida dicen los astrónomos. Sino que á éstos, admiradores del orden y partidarios de la sencillez, para fijar el domicilio de tantos soles y de tantos mundos como forman la maravillosa ciur dad del cielo, les basta una sola calle, el Ecuador. ¡Nosotros, en cambio, para satisfacer la vanidad de cualquier concejal anónimo, inventamos nuevas calles todos los. días! Pues figúrese el lector que sé encuentra. en la calle de Serrano y quiere venir á la redacción de BLANCO Y NaaRO; ya lo sabe: núm. 43, piso principal. Lo mismo hacen los astró nomos. Así, la luna el día del eclipse tiene estas señas: nilmero (ascensión recta) i igm 47,36 s; T ÍBO (declinación) 21o 60 17,3 De manera que cuando un astrónomo habla de la ascensión recta de un astro, es tanto como decir el número de la calle que ocupa, y cuando habla de declinación, -indica el piso de la casa. A eso queda reducido todo el misterio de esas frases (ascensión recta y declinación) que asustan á los profanos. El sol y la luna se mueven en el cielo. Los astrónomos, á fuerza de estudios prolijos y de observaciones sin cuento, han averiguado con toda exactitud lo que la luna se mueve por minuto, y así pueden calcular de antemano y con uno, dos ó diez ó veinte años de anticipación el lugar del cielo que ocupará la luna en un momento determinado; de igual manera que si nos dicen cuándo sale un tren de Madrid y la velocidad que lleva, podemos predecir qué lugar de la vía ocupará una, dos ó más horas después. Hay una diferencia, sin embargo; el tren puede pararse, correr más de prisa ó andar más despacio; la luna no. La luna, á pesar de su nombre fenaenino, es de una formalidad insuperable; siempre lleva el movimiento que debe llevar, ni más ni menos. Igualmente se conoce el movimiento del sol, y puede averiguarse con toda la anticipación apetecida el lugar del cielo que ocupará en un momento dado dentro de dos, diez, veinte años, etc. Esto entendido, fácil es columbrar cómo se averigua el momento de un eclipse. Día por día y hora por hora, si es preciso, se calcula la posición de la luna eri el cielo (ascensión recta ó número de la calle y declinación ó piso de la casa) Todos esos cálculos llenan I: Í O J O Anaranjado AMARILLO Veráe AZUL Añil VIOLADO A a B C D E b F C h H H Espectro del Sol: posición de las rayas de Fraunhofer. Las rayas C y J corresponden al hidrógeno, la D al sodio, la 6 al magnesio, etc.