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VISTA GENERAL DE LA PRADERA LOS COLUMPIOS Un mes antes de celebrarse la tradicional romería de San Isidro, comienzan á verse por todas las esquinas carteles amarillos de los ferrocarriles anunciando el viaje á Madrid á precios baratos. Todos los que sólo vienen á la corte una vez al año, aprovechan la comhinación porque así el viaje les resulta más económico, y los que se sienten con humor de divertirse unos días, cogen las alforjas, se meten en el cinto unos cuantos duros, y al tren, á los Madriles, á las posadas de la calle de Toledo y de la Cava Baja, á la modesta casa de huéspedes ó á sorprender á cualquier desgraciado pariente, que ve caer sobre su Cabeza algo más pesado que la maza de Fraga con la llegada del isidro. A la romería le sucede lo propio que á las personas bien conservadas, de las que se dice que no pasan días por ellas; todos los años es igual: la misma animación, las mismas rosquillas (porque las hay que tiran más de un año) idéntica algarabía de Tíos Vivos, columpios, barracas de fenómenos y acróbatas en libertad. Mientras el isidro se divierte ante tan interesante vista cinematográfica, todo va bien; lo peor es cuando se presenta a. gún portugués que se hace íntimo amigo del forastero á las primeras del cambio de los perdigones. Y ésta es siempre una nota típica que da mucho carácter á la romería de San Isidro. Fotograflas Asalto P R O P Ó S I T O S ENÉRGICOS DEL GOBIERNO- -Qué te parece. Dato, ¿les cargamos? -En confianza, D. Pranoísco, ¡yo creo que si!