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Apenas si en nuestro rincón, si aquí entre nosotros, entre los que nos comunicamos el duelo en lengua de Castilla, queda puramente la obra intelectual, porque esa no perece con su padre. Se entierra totalmente á los hombres de valor, porque el valor muere con el corazón que lo cría: ya no vencerá á nadie. Se entierra totalmente á los hombres de voluntad, porque muere con la fuerza que la impulsa: ya no gobernará á nadie. Pero no se entierra del todo á los hombres de entendimiento creador. Por mucho que se ahonde su sepultura, por muchas piedras que se echen encima, siempre queda á flor de tierra la cabeza viva, y hablando en sus obras. Estamos en plena noche. La procesión fúnebre acaba de pasar. Los dioses se han puesto en su ocaso. ¿Darán la vuelta al globo y al tiempo y volverán algún día como volverá mañana el sol puesto esta tarde? LA AURORA DE LOS EÍÍANOS Mientras las bóvedas de nuestro gran teatro retemblaban conmovidas por la majestad sombría de la música de Wagner, los organillos en las calles y las orquestas en los teatros tocaban las piezas favoritas de nuestro público. Tangos y seguidillas meridionales, castañuelas, panderas y guitarras, todo ello recuerdo y sucesión de música semisalvaje venida acá de los pueblos africanos. Mujeres menudas y mimosas como gatitas criadas en la falda, y flexibles como juncos criados en la humedad del arroyo, zarandean sus cuerpos en danzas de bayadcras orientales. Y el concurso aplaude enloquecido. ¿Por qué? Porque eso también es un símbolo como la gran música del Ocaso de los dioses. Ésta, un símbolo de lo que se ha ido: lo fuerte, lo grave, lo grandioso. Aquella un símbolo de lo que amanece: lo ligero, lo juguetón, lo insustancial: es la aurora de los enanos: el alma de la España nueva. En lo político se ha decidido que el interés minúsculo del individuo valga más que el interés de la nación, que la persona pese más que la idea. Los partidos no llevan ya el título de la doctrina que los congrega, llevan el apellido del hombre que los dirige. En lo parlamentario la disputa personal llena la galería de espectadores, y la discusión de los haberes nacionales despuebla la sala de diputados. En lo militar todavía no se ha constituido una junta para estudiar y corregir los defectos de organización reconocidos en la desastrosa campaña, pero á cada paso sale una junta ó una ieomÍBÍón resueltas á defender tal ó cual interés que toque á las personas. En lo económico aún está por ver un sistema de reformas, como no sean esos planes someros parecidos á los de los antiguos arbitristas; pero en tocando á un interés de clase, se levantan juntas y congregaciones para defender tal ó cuál industria. En lo social, la moda chula y torera ha inipuesto sus gustos, costumbres, vestido y lenguaje á las clases superiores, antes educadoras y ahora educandas de las clases bajas. La enanilla albahacase ha subido al viejo roble gigante, y son escasos los mozos que conservan el continente, quizá un poco hinchado y jactancioso, pero gallardo y señoril de la raza. La diminuta navaja ha vencido material y moralmente á la espada española. En lo literario, el cuento, cuando más corto mejor, ha destronado á la novela, cuando más honda más pesada. En el teatro ¿para qué hablar del teatro? Fué siempre cátedra y escuela pública del gusto, de las costumbres, el puriflcador de los sentimientos y del vocabulario del pueblo, que allí aprendía con altos ejemplos á imitar á los mejores. Hoy enseña á imitar á los peores; ha cambiado mucho la posición de los héroes dramáticos. La chula ha destituido á Fedra y Desdémona. El torero ha matado á Hamlet y á Segismundo. El agente de la policía baja ha quitado la vara al alcalde de Zalamea. Lo chico reinando en el arte, en la política, en la sociedad, representa no una afición moinentánea, sino un estado intelectual y moral: por la misma razón que las dosis pequeñas corresponden á un estado morboso de las naturalezas que no pueden asimilar sustancias fuertes. Todo reducido, todo pensado y escrito con letras minúsculas. Enanos los caracteres, enanas las pasiones, enana la ambición, enanas las ideas, enanos los hombres. Lo raquítico viene precediendo á la consunción. Los dioses están en el ocaso: la aurora de los enanos apunta por Oriente. EuGEKio SELLES De la Real Academia E s p a ñ o a