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3 -is ü 1 -V -VV a VS gJiA jfei liNA CORRIDA DE TOROS EN UN PüE. BLO Es tan g r a n d e la afición á lo que hemos dado en llamar fiesta nacional, que los pueblos que no disfrutan las excelencias de poseer un circo taurino, lo improvisan cercando con carros las calles que conducen á la plaza y construyendo dos tablados al lado de la Casa- Ayuntamiento: uno para las personas principales, p a r a el senorio, y otro p a r a los músicos. Muchas veces ocurre que cuando la banda está en lo mejor del pasodoble, mayor es la alegría y más poderosa la animación, el tablado se hunde, y adiós pasodoble, se acabó la música. Pero lo principal es que se pueda dar la corrida, y primero faltará la asignación mensual al maestro de escuela, que unos cuantos duros para llevar á cualquier maleta con su cuadrilla correspondiente de sacos d e noche para que lidien por lo menos un toro de muerte, condición precisa para que las fiestas del pueblo revistan verdadera solemnidad. Los aficionados no suelen ser muy exigente? pues con tal de que el novillo muera de u n a estocada hasta el puño, sea como sea y por donde b u e n a m e n t e se la pueda colocar el matador, se dan por muy conformes y hasta sacan en hombros al diestro y le llevan á la posada, y allí se celebra con sendos jarros de vino el triunfo del torero. Y por la noche en la tertulia de la botica hay que oir al afortunado espada contar, protegido por su faena de la tarde, mil hazañas taurinas que oyó á otros en la calle de Sevilla. Generalmente, antes de lidiar lo que llaman el toro de muerte, sueltan ocho ó diez embolados p a r a que los toreen los mozos del pueblo que se sientan con sangre torera, y efectivamente, son tantos los diestros, que la plaza se nubla de gente y el toro se aburre y se cansa de tanto trajinar, y entonces se lidia el siguiente, que aprovecha la viveza de su sa. ida para repartir á diestro y siniestro porrazos de b u e n gusto, y sobre todo de gran efecto; y entre enchiquerar unos y soltar otros, se pasa toda la tarde. Sin embargo, en muchos pueblos, pareciéndoles poco todavía la ración, se torea por la m a ñ a n a el novillo del aguardiente después del encierro, que generalmente se hace de madrugada, saliendo á recibir al ganado una comisión del Ayuntamiento y la banda municipal, que m u c h a s veces se convierte en d e s b a n d a d a ante el cercano peligro que anuncia el ronco son de los cencerros del cabestraje, el cual, envuelto en u n a n u b e de polvo y espoleado por el gritar de los caballistas y el azuzar de los vaqueros, entra violentamente por las calles del pueblo hasta la misma plaza. Cuando la operación se hace felizmente y no se d e s m a n d a ningún bicho, en el pueblo se deja v e r cierta impresión de disgusto; lo que más anima, lo que mejor divierte á la gente es que se escape uno de los novillos y vaya repartiendo sustos y sorpresas por las calles. Entonces es lo bueno! El pincel de P e p e Benlliure ha sorprendido muy graciosamente uno de los momentos más interesantes de la corrida en un pintoresco pueblo de Valencia.