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la oda heroica y el canto épico. Bajo los auspicios del gran Jovellanos, obtiene Meléndez Yaldés una cátedra en Salamanca, un juzgado en Zaragoza y, por últi mo, la flscalia del Tribunal Supremo. A tales alturas de su existencia, se verifica en ella un cambio brusco. Acabado de pulsar la lira patriótica, acepta del monarca francés José el puesto de consejero de Estado, y luego de ministro de Instrucción Pública. Esta abdicación de sus ideas había de- ser causa de su infelicidad en el resto de sus días. Expulsados los franceses do España, vióse obligado á emigrar, y murió en Montpellier en 22 de Mayo de 1817, soñando con las nativas praderas, en plena nostalgia de su patria. Algo de lo que le aconteció á Meléndez Yaldés sucedióle sin duda alguna á Moratín, venido al mundo en Madrid á 10 de Marzo de 1760. Sorprendido en la plenitud de su vida por el torrente avasallador de las ideas nuevas llegadas del otro lado de los Pirineos, vuélvese hacia ellas su espíritu, incapaz de resistir la sugestión, mucho más que, como secretario de Gabarras, asiste en París al génesis del verbo revolucionario. E impulsado quizás por la levadura del enciclopedismo, t o m a el partido del rey intruso, desatendiéndose del fuego patriótico que ardía en toda la nación, falta trascendental que le obliga á huir á Francia vencidos los imperialistas, falleciendo en el mismo París, causa rime ra acaso de su desdicha, en 21 de Junio do 1828, Como Goya en la pintura, aunque sintiendo con monos fuerza, significa en literatura la reacción al buen gusto. Satírico serio, hablista de verdadera pureza, de penetrante talento, frío sin embargo. El sí de las niñas m y La mojigata siempre serán dos joyas de las letras castellanas. Más cercano á nuestro tiempo Donoso Cortés, tocóle florecer en época no menos azarosa: en las postrimerías del reinado de F e r n a n d o V I I y en los albores del de Isabel I I A los veinte años es catedrático del colegio de Cáceres; á los veintisiete se sienta en el Congreso, y es nombrado secretario del Consejo de Ministros en la situación Mendizábal. Había llegado, pues, á la cúspide de la fortuna en plena juventud. Sin embargo, su período de apogeo político corresponde al en que desempeña el cargo de secretario é inspirador de María Cristina. Ministro plenipotenciario en Berlín, académico de la Española, marqués de Valdegamas: he aquí sus últimos honores. En su labor de publicista, de pensador, profunda y llena de erudición y galana de forma, como de quien se preciaba de pulsar en sus ocios la liía bucólica, se marcan dos etapas, no por cierto singulares, q u e harto abundan en la mayoría de los grandes hombres: una, la primera, la de las mocedades de doctrina avanzada y radical; otra, la segunda, la de la madurez, á la que corresponde su mejor obra Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo, de tesis ultrarreaccionarias. Murió en París en S de Mayo de 1863. Había nacido en La Serena (Badajoz) en 6 de Mayo de 1809. Una triste coincidencia se da en estos cuatro muertos ilustres, á los que la actual generación, postrada ante su gloria, destina una tumba común: los cuatro murieron lejos de su patria. ALFONSO PÉREZ KIEVA LiUiUJOS DE BLANCO CORIS PAKTEON DE HOMBRES I L U S T I Í E S