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J r j! vá? i uKuoToe ii Ljea íiE: s La muchedumbre volverá á pronunciar sus nombres al ver pasar sus restos, y ha de pronunciarlos con el respeto que merece cuanto goza de la inmortalidad, hermoso privilegio reservado á los grandes hombres, que cubre con la bruma del olvido, cuanto en ellos fué terreno y pudo sustentar el error, y deja sólo vivo y resplandeciente su mérito, á la manera de las lejanas montañas que borran en la distancia sus precipicios y muestran únicamente sus gallardas cimas azules. En F u e n t e de Todos (Aragón) y á 16 de Abril de 1746 nació Goya, llamado á recoger el pincel de Velázquez, dejado á la misma altura que Oide Hamete Ben- Hengeli aquella pluma de oro con que había escrito el i joíe, tan alta también, que nadie sería osado de volverla á tomar. Discípulo de Bayer, habitante en cierta época de su vida en Boma, el medio de arte eterno de la cual pareció dejar caer en su espíritu y en su paleta su pátina de grandeza, avecindóse al fin en Madrid, alcanzando entonces, á partir de sus dibujos para los tapices de la Beal Fábrica, la mayor suma de honores y utili- dades, pues fué nombrado académico de la de San Fernando y pintor de cámara, y se, hizo el de moda de los potentados y de los nobles madrileños. Goya cultivó la pintura religiosa, que no sentía, produciendo frescos admirables como los de San Antonio de ¡a Florida, exentos de todo misticismo, y cuadros como los que se conservan en Sevilla de las santas Justa y Eufina, hermosos de color, pero sin la unción de los Muriflos. Conocidísimos, sonsus óleos de; costumbres, sus retratos, sus aguas fuertes, sus caricaturas, sus tapices, todos de primer orden y de universal y merecida fama. Bl Goya íntimo, si el autor se revela sin que él lo quiera en sus obras, hay que buscarlo en sus Caprichos, en su Tauromaquia. Es Quovedo pintando. Esa fuerza de paleta era revelación de la de su temperamento. Su vida se halla cuajada de episodios que lo comprueban. A consecuencia de una aventura amorosa, del rapto de una j o v e n depositada en un convento, veae obligadp á salir de Eoma. Otro lance semejante habíale tendido antes en una calle de Madrid. El desagrado del. lord Wellington ante su retrato, que Goya pintaba, de tal manera indigna al artista, que arrebatando el espadín á uno de los magnates que acompañaban al caudillo, está á pique de. atraye. sarlo. Atlético, sanguíneo, indomable, aragonés de raza y por ende firme y tenaz, concluyó por dejar una capital con la que quizás no se compadecía su carácter, y sordo y punto menos que ciego, murió en; Burdeos en 16 de Abril de 1828. Meléndez Valdés vio la luz primera en Eiberá del Fresno (Badajoz) en 11 de Marzo de 1754. Sintiendo profundamente la naturaleza, apasionado del campo, de su placidez, sus églogas caen como una brisa fresca y amorosa en una época más á propósito para GOYA EN MADRID CASA QUE HABITÓ