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El rosal, el filósofo y la rana FÁBULA El daeño de una iiuerta de Granada, filósofo rural, pero profundo, decía que no hay nada más perfecto que el hombre en este mundo; y en prueba de su aserto, lo siguiente contaba el condenado: A un rosal las raices he sacado y al punto se me ha muerto, y á mí en cambio un dentista conocido por sus curas felices, me acaba de sacar varias raíces y nada me ha ocurrido. Escuchóle el rosal (que era precioso) sin mostrarse quejoso. Mas cierta rana, fresca y descarada, que desde un charco inuumdo le oyó exclamar aquello de no hay nada más perfecto que el hombre en este mundo, le dijo: Yo no puedo ya, vecino, callar como el rosal, ¡qué desatino! No vuelva, se lo ruego, á decir lo que ha dicho, ó vaya luego á pasar esta noche algunas horas explicando á las ranas moradoras del charco de la huerta eso que dice usted que es cosa cierta. El hombre, complaciente como él solo, pasó tranquilamente la noche junto al charco entre las ranas: mas pescó el infeliz unas tercianas que por poco le llevan á la tumba; y las ranas le dieron una zumba, porque, limpias de fiebre y todas sanas y gozando de acuáticos placeres, probaron al filósofo profundo que andan algunos seres más perfectos que el liombre por el mundo. JUAN PÉREZ ZÚÑIGA DIBUJO DE REGIDOR 7- yT iiíi- í