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¿SUBVENCIÓN? ¿POR QUE? Todos, tirios y troyanos, chicos, grandes, ricos, pobres, se deshacen en elogios del ministro nuevo y joven, que en un vigoroso arranque ha declarado urbi et orbe que va á salvar al teatro rompiendo los viejos moldes. ¿Cómo? Gastando anualmente un millón ó dos millones para premiar obras buenas y pagar buenos actores. La cosa parece fácil, la idea parece noble, pero ¡ay! nos conviene mucho que no cuaje y se malogre. Porque sería un abuso que el Estado diera un golpe contra los contribuyentes de Zafra y de Valderrobles sacándoles el dinero que cuesta tantos sudores, para hacer un templo al arte domiciliado en la corte. Si los autores dramáticos son ineptos y bodoques, por la esperanza del premio no harán comedias mejores; y si las obras no tienen intérpretes que las borden, no han de salir por decreto ni Eomeas, ni Latorres. En cambio, á la dulce sombra de las recomendaciones vivirán tan guapamente cobrando como unos hombres cómicos de pacotilla y escritorzuelos mediocres, ¡artistas oficinescos con nómina y uniforme! El arte es libre. El Estado se sale de sus funciones cuando en la lucha interviene y la competencia abóle. ¿Quién no sabe qóe el absurdo sistema de subvenciones abre el campo á la injusticia y al barullo y al desorden? ¡Tendrá que ver, cuando vaquen tres plazas de galán joven, anunciar oficialmente méritos y condiciones, y que se destinen, como al elegir senadores, dos á los ministeriales y una á las oposiciones! ¡Qué afán de imitar á Francia! ¡Qué manía de derroche, repartiendo sin motivo gangas, prebendas y dotes para sembrar la discordia y hacer que medren y engorden unos cuantos badulaques hechos genios de real orden! SiNBSio DELGADO