Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
LA FUENTE DEL BESO Así la Human: La fuente del beso. Brota el manantial de u n a r o c a m n y grande, vestida de muchos colores, tapizada por el musgo, adornada de plantas trepadoras que han ido arraigan. do en las desiírualdades y en las grietas. Por una grieta mayor salo el agua, y í. para que no caiga pegada á la piedra, sino formando graeio -Vi i -í- i f sa curva, que un sa- C -t i hio llamaría parábola, V -i í -l 1 destruyendo con este j I nombre prosaico toda) T w la poesía de la roca y- de la fuente, ensan- charon los campesinos él la hendiilura, y en ella g encajaron sólidamen J peda ío de teja que hace oficios de caño. De este modo el agua se lanza, toma cristalina curvatura y llena con facilidad los cántaros de las mozas que desde la aldea pró 0 xima vienen á tomar íV: SS; agua á Ja fuente. k Al pie del caño se ha socavado en u n saliente de la misma roca un hueco á modo de pilón, que vierte por uno de los costados en u n a pequeña reguera de donde nace el arroyo que más lejos desagua en el río. ¿Por qué esta tosca y antiquísima fuente se llama La fuente del beso ¿Procede su nombre de alguna tradición ó de alguna leyenda? Lo ignoramos. Si á los tiempos modernos nos atenemos, m á s bien debiera llamarse La fuente de los besos pues junto á la fuente so despiden al despuntar la m a ñ a n a ó al caer ia tarde m u c h a s parejas enamoradas, cuando él se va á servir al rey ó acaso á u l t r a m a r á buscar fortuna, y ella se queda dando algunas lágrimas al manantial y algunos suspiros al viento con las últimas palpitaciones del líltimo beso. A este sitio solitario y agreste y perdido en espesa arboleda, se puede llegar por dos caminos que ambos vienen de la aldea inmediata: el uno rodeando la p a r t e a t a que por esta razón se llama d camino alto, y el otro subiendo del valle, que asimismo se llama el camino bajo, y por una especie de antonomasia el camino de la fuente; aunque los habitantes de la aldea j a m á s sospecharon que existiese esta íigura retórica. Y ya está descrito el escenario, que lo es todo, á decir verdad; porque el drama n o existe, ó es tan humilde v tan tenue como una ondulación del agua en la rústica alberca, que va recogiendo los espumosos borbotonea del caño al separarse de la media teja que los conduce al salir de la roca, y que en el espaoio los a b a n d o n a á su destino. Su destino ya se sabe cuál h a de ser: caer en el pilón, correr por la reguera, hundirse en el río, y 1 íin ser tragados por el mar y por sus aguas salobres. ¡Nacer tan pxira y tan cristalina para perderse en un infinito de amarguras! Pero volvamos á la fuente. E s la caída de la tarde, y hacia la fuente s e dirigen dos parejas; pero esta vez n o son mozas ni mozos enamorados. P o r el camino alto viene un viejo con un niño de la mano: debe de ser su nieto. P o r la s e n d a del camino bajo viene subiendo una vieja, y agarrada á su falda u n a niña: abuela y nieta deben de ser. Mal dijimos al decir que no eran dos parejas de enamorados. ¡Como si no hubiera más que u n a clase de amores! Casi al mismo tiempo llegaron las dos parejas á la fuente, y cada una se detuvo á distinto lado de la roca, precisamente del lado por donde venían. Silenciosos se quedaron, sin saludarse apenas, demostrando por su silencio, por su indiferencia y por cierta reserva agreste, que no se conocían. S