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y i i i ¿Usté ha visto bien trota á la Jaca? ¿Usté ha reparao cómo t- ema la jaca? -Sidoriyo, a m ó n t a t e y j á trota á la jaca. -Señó, si m e sé de memoria la jaca. Sobre que yo no voy á di á toas partes ar trote. -Pero si er trote es lo peo que tiene, guasón. ¡Como me lo apondera usté tanto 1- Pos carcúlese usté como será er paso y er galope! -Güeno; lo dicho, dicho: ¿hase? ¿Ande va usté, señó? A nosotros no nos venga usté con comedias; porque si echa usté dos pasos más pa las casiyas e los juguetes, güerve usté y le peímos dos mil reales m á s p o r la jaca. -Y se los da á ustés er Sar de Rusia. ¿Sase ó no hase? -Señó, vamos á discutirlo. No se vaya usté tan aprisa, que no hay fuego. -Es que tengo yo m u c h o que corre toavía. -Pos mar tiro me den; ¿tiene usté m á s que dirse amontao en la jaca, y corre usté más que er tranvía elértrico? -Güeno está; veo que no quién ustés vendé Con Dios, señores. -Oye, F e r n a n d o ¿lo dejamos di? -Sí, porque güerve. Lo ha farsinao la jaca. III E n la casilla particular n ú m e r o 19: -Diga usté, María Luisa: su reja de usted, ¿á qué calle da? -A la calle de Sal si puedes. -E s a calle no existe: le h a n cambiado el nombre. -No lo sabía. Todos los días se aprende alguna cosa. -La reja de usted será de oro. -Ay, no señor; la hubieran descubierto los monederos falsos. -Pues si no lo es, merecía serlo. ¿Por qué? -Porque para que usted se asome- -Si yo n o m e asomo á la reja. ¿Nunca? -Hombre, cuando p a s a n los títeres, ai me asomo. ¿De modo que hace falta ser titiritero? -Oabalito. Y si no titiritero, algo que llame la atención. -Entonces, m a ñ a n a voy á pasar con un oso blanco. -Los osos ya no llaman la atención: ¿no ve usted que los vemos todos los días? -Sí, pero como y o pienso pasar de noche jy -Lo siento, porque de noche no salgo yo á la reja. Les tengo mucho miedo á í los ladrones. ¿Y el sereno? -El sereno no sé si se lo tendrá. S- -María Luisa óigame usted, que voy á hablarle en serio. r- t. Ahl ¿pero lo de antes ha sido broma? -Tengo mucho que hablar con usted. -Ya lo veo; no pierde usted ocasión de decirme algo- -Es que ha de ser á solas. -Si quiere usted que nos vayamos á la Pasarela Lo que es por arriba arriba, no pasan más que los gorriones. -iQué burlona es usted! ¡Ay, por Dios, no ponga u s t e d esos ojos tan tiernos, que se están riendo las niñas de Campos! -Que se rían Yo lo que quiero es que u s t e d me oiga. ¿Nada más? -Nada m á s -P u e s que sea enhorabuena. Porque lo estoy oyendo á u s t e d desde las ocho y cuarto, y son las once. -Tengo que decirle á usted t a n t a s cosas... tantas... ¿Si? Pues deje usted que pase Abril. ¿Por qué? -Porque no me fío de las conversaciones de feria. S. Y J. ALVAREZ QUINTERO DIBUJOS DE HUERTAS