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NUESTROS PERIODISTAS iDOJKT M: IOT K IV IVIOYJL iludías veces me he preguntado; ¿Qué liaría Moya si se quedase sin periódico, aunque la fortuna le colmara de tesoros, aunque la gloria le abrumase de laureles y aunque le proclamáramos rey de la República espa ñola, pues sabido es que sus convicciones democráticas le impedirían aceptar de otra manera el trono? ¿Moya sin periódico? mejor dicho: ¿Moya sin M Liberal? Imposible! Le encontraríamos muerto, y Dios no lo quiera, empuñando un fajo de telegramas (pero traducidos) en aquel trozo de la calle del Turco donde asesinaron á Prim y vive hoy el importantísimo y popular periódico. -Otros periodistas consideran la profesión como una puerta de escape para la política, para el teatro, para la burocracia ó para el santo hospital; Moya, no. Cuando era pequeñito le preguntarían sus padres: ¿Tú qué quieres ser? Periodista 1 diría él. Y si ahora algún indiscreto le interrogase: ¿Y usted, amigo Moya, cómo desearía morir? iSin perder aquel día los mixtos para la edición de El Liberal contestaría seguramente. A las nueve y media de la noche, aunque se e té hundiendo Madrid, entra Moya en el edificio del periódico y se encamina á su despacho. Desde éste divisa toda la desierta redacción; se sienta en su butaca, amontona sus papeles sobre la mesa, y ya hay director hasta las tres ó las cuatro de la madrugada. Según van llegando los redactores, les distribuye su trabajo, habla con Eduardo Vicenti acerca del artículo de fondo, pregunta á éste los detalles de una información, entrega al otro un puñado de telegramas, y se pone también á trabajar, llenando las cuartillas de letras rnicroscópicas que parecen signos taquigráficos, y con tan endiablada alineación, que la primera línea, arrancando de la punta superior de la cuartilla, va cayendo, cayendo, á morir en la punta opuesta inferior. Sus cuartillas parecen, pues, campos de batalla en los cuales un ejército de minúsculas hormigas se bate precipitadamente en retirada después de perder la mitad del contingente, pero sin dejar un herido ni un cadáver en la blancura abandonada del terreno y del papel. Y cuando acaba de dar estos combates homéricos á los cajistas, coge los telegramas recientemente llegados y los traduce, redacta sueltos, imagina epígrafes; para él no hay nada en el periodismo que sea enojoso ó molesto; desde la alta inspiración hasta el anuncio del folletín, todo le es igualmente fácil é igualmente agradable; su brillantísimo talento lo abarca todo y su férrea voluntad no retrocede ante nada. Pudo ser un excelente autor de libros, y ahorcó los que ya tenía planeados en su imaginación, para ser un excelente periodista. Debió alcanzar gran renombre de orador parlamentario, y prefiere charlar con sus redactores á deleitar los oídos de los padres de la patria. Como autonomista y como español sintió muchísimo la pérdida de nuestras colonias, pero jcielosl el día que se pierda un paquete de El Liberal! Adora, enfin, el periodismo; es cariñoso con sus redactores y bueno y cortés con todos. Su familia. El Liberal, Fernández FIórez, he ahí sus tres grandes cultos. Y conste, enfin, que yo no he visto hombre de escritura más torcida ni de cerebro más firme. Su mano resbala, su pensamiento va. JOSÉ DE EOUEE Foloyrafía Frauzen, hecha para BLANCO Y NEGRO