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quiosidad en que habían entrado las relaciones de invasores y reconquistadores, creo que se explica bien, dentro délo humano, la conversión de la infanta y otros detalles de su biografía. No hay que ver en A) -JMamun á un perseguidor fanático semejante al padre de Santa Bárbara, capaz de degollar á su hija en castigo de sus creencias. Al contrario: ningún rigor desplega el moro contra Casilda, y hasta de buen grado y con letras de recomendación para Fernando I la deja marchar á tierra de cristianos en busca de salud. Más adelante, la permite practicar la religión que ya se ha enseñoreado de su alma. Quizás allá, muy adentro, en lo secreto y lo hondo, también Al- Mamun siente vacilar su entusiasmo por el Profeta, y comparte la fe de aquella raza dura, austera, batalladora, que palmo á palmo sabe recuperar la patria. Tínicamente el episodio del milagro de las rosas parece contradecir estas suposiciones. Refieren los breviarios y los santorales que desde la niñez había mostrado Santa Casilda gran compasión de los cautivos cristianos, y contraído la costumbre de visitarlos todos los días llevándoles socorros y consuelos. Añaden que Casilda realizaba la obra de misericordia á, escondidas de su padre, y que habiéndola éste sorprendido en ocasión de llevar oculto el alimento para los prisioneros y preguntádole qué escondía, la iníanta contestó: Rosas y desplegando la falda, la enseñó llena de las más frescas, embalsamadas y bonitas que podían encontrarse en los jardines de palacio. De tal prodigio se ha querido deducir que el padre de Casilda era un tirano, cuando lo que prueba es la condición de los tiempos, el medio ambiente inhumano y áspero, que por contraste aumenta el divino hechizo de la piedad de Casilda. Los cautivos entonces eran sometidos á crueles tratos, sin que mediase saña ni encono. Lo fueron hasta mucho después; recuérdense los sufrimientos que en Argel soportó Cervantes. Sólo hoy- -y no en todas ocasiones ni en todas partes- -empiezan á ser respetados, mirados benignamente. Y el privilegio de Santa Casilda, y su alta significación cristiana, es haber afirmado, con la ternura de su. corazón de mujer, con la lástima, que es bondad caldeada por el amor, las doctrinas más fecundas del Evangelio. Nótese que la piedad de Santa Casilda recaía, no en la gente de su raza, sino en los que al cabo eran enemigos: en desvalidos nazarenos, que se pudrían en las mazmorras sin que los mismos reyes de Castilla intentasen rescatarlos; pues hasta dentro de muchos años, y por inspiración de otro santo, no se abrió camino la idea del rescate, convertida en cange por el moderno derecho internacional. La justicia y la caridad tomaron en el siglo XI la seductora forma de la infanta musulmana. Santa Casilda anhelaba recibir el bautismo, y logró sus deseos al pasar á tierra de cristianos para bañarse en el lago de San Vicente, cerca de Burgos, donde esperaba hallar la curación de la grave enfermedad que padecía. Ya bautizada y sana, á orillas de aquel lago edificó una ermitilla, bien diferente de los harenes y jardines de Toledo, y allí, consagrada á Cristo su pureza, hizo penitencia hasta el último día de su vida, que acabó á mediados del siglo XI, no consta en qué año, poco antes ó después de que expirase sobre la ceniza, con ejemplar muerte, el gran rey Fernando I. EMILIA PARDO BAZÁN r a. Bf k 1 wK i- 4 V 1. EL MILASKO DE SANTA CASILDA. CUADRO DE J. NOGALES Fotog. Sucesor de Laurent