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PRIMERAS CORRIDAS DE LA TEiMPORADA MAZZAIiTINI ESTOQUEANDO AL PEIJIEB MÍURA La corrida inaugural y la primera de abono ofrecían este año singulares atractivos para la afición madrileña. Reaparición de Mazzantini en el redondel de la villa y corte después de algunos años de ausencia; oposición á la cátedra que dejó vacante Guerrita, y que debía disputar á Don Luis el niño de la Algaba, cuyas faenas últimas habían hecho concebir á los inteligentes la esperanza de reconocer en él un digno sustituto de los grandes toreros; tiempo primaveral que había de contribuir poderosamente á la brillantez del espectáculo, con el sol espléndido que hace brillar el oro y la pedrería de los trajes de luces, de los vestidos claros de las mujeres; y por último, el afán de divertirse, que hasta hace poco debilitaban preocupaciones muy hondas que tras la última desdicha se dieron al olvido, y de las que hoy apenas hay recuerdo. 5 Í S De tal modo influían estas razones en el ánimo de las gentes, que al amanecer del domingo y en la tarde del 9 k lunes no quedaba en los despachos un solo billete. Los revendedores eran dueños de toda la localidad no abonada y se disponían á hacer un bonito negocio. CoBOMBITA TIRÁNDOSE 1 MATAK EL SESnNDO mo el tiempo y la afición les favorecía, realizáronlo en toda regla, haciéndose pagar los billetes á más de doble de su precio, no obstante lo cual, en la Plaza no quedó un asiento vacío. Desgraciadamente para los aficionados, el resultado de la fiesta en ambos días no correspondió, ni con mucho, á sus afanes ni al sacrificio realizado para presenciarla. Ni los toros dieron gran juego, ni las cuadrillas hicieron cosa digna de mención, ni los matadores mostraron ganas de agradar. Las corridas pasaron, y el público salió aburrido de la Plaza, no obstante lo cual acudirá de nuevo, aunque la diversión que pueda conseguir no esté nunca en proporción del precio á que la pague. Pero, enfin, mañana hay también- -toros, y Dios dirá. ALaABEÑO EN LA MUERTE DEL SEXTO Ffítngrapaü Irígoycn