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BARRIOS DE MADRID KXv FJLCIP ICO Verdaderamente, no sé cómo puede llamarse Pacífico á un barrio donde t) or la noche se 03 en muchas veces algún que otro sonoro tiro cambiado entre los de consumos y los matuteros, y por el día las trompetas y clarines de los regimientos que se alojan en los cuarteles de Los Docks no cesan un momento; pero también se llama paseo de las Delicias á uno de los sitios menos deliciosos de Madrid, y plaza de Oriente á la que está situada al Poniente, y Retiro á Tino de los puntos más frecuentados, y n o v e d a d e s á un teatro (jue no ofrece otra novedad que la de abrirse y cerrarse cada quince días con nn mismo espectáculo. E n esto sucede como en los nombres propios: hay quien es Teodomiro y no ve. Castos que hacen u n a vida imposible. Fructuosos que no dan nada de sí, Pablos que huyen de la Epístola, y Pericos que no son de Aranjuoz. Por estas poderosas razones, no me extraña que sea Pacífico un Ijarrio que tiene en su hoja de servicios malos informes. Felipe Pérez, en lapopiilar Gran Via, lo simbolizaba en un sujeto que so metía con todo el mundo, escandalizando de lo lindo. De entonces acá, algo ha ganado el barrio que se extiende desde la Puerta de Atocha al Puente de Vallecas, y si no es u n modelo de urbanización, cosa difícil para barrios de mayor empuje y que presumen de aristocráticos, es u n a vía ancha, simpática, de buen aspecto, por la que discurren en animados convoyes los días de fiesta las gentes de buen humor, que buscan en los merenderos del P u e n t e un rato de solaz y organillo en las floridas márgenes del nunca bien ponderado Arro 0 Abrofiigal, afluente del Manzanares, según cuentan los que lo h a n visto. Muchas veces sucede que al calor del vino y por un quítame allá esa botella, que no esas pajas, so arma la de Liniers es gobernador, y entonces es el gritar: h a y puños como mientes y mientes como puños, y el venerable Pacífico ve turbada su tranquilidad, alterado el reposo p o r aquellas gentes que tan pronto se olvidan de su nombre y de pagar el gasto. El barrio del Pacífico empieza bien, como muchas personas, y acaba mal. Los tres cuerpos de edificio de la Estación del Mediodía, la nueva Basílica de Atocha, todavía en construcción, y la Fábrica de Tapices, son sus mejores monumentos. Después se dedica á servir al Rey, y toda el ala de la derecha está ocupada por fuerzas de infantería, caballería y artillería, alojadas en inmensos caserones que en un principio se construyeron para almacenes, grandes almacenes- depósitos á imagen y semejanza de los Docks de París; pero la empresa no prosperó, y quedaron convertidos los a n t i g u o s almacenes, por obra y gracia de la necesidad, en alojamientos militares, porque eso también es m u y nuestro: aprovechar las cosas, t e n g a n ó n o condiciones adecuadas, haciendo m. inisterio de lo que fué cárcel, y cuartel de lo que fué convento. L a n o t a típica del barrio la da el militarismo, y donde hay militares, ya se sabe, el corazón del bello sexo se conmueve profundamente; por eso en el barrio del Pacífico muchas señoritas y lo más granadito del cuerpo do domésticas son víctimas de la guarnición. Las criadas aprovechan cualquier salida ó la inventan, porque siempre falta CALLE DEL PACIFICO algo en la casa, para con templar á su soldadito, que está de centinela, y que al verla pasar siente cosquillas hasta en el correaje. Y a h í tienen ustedes cómo no puede ser Pacífico un barrio habitado por Marte. H ti LUIS Fotng. Asertjo GABALDÓN