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UTA AJENA I 1.1 ii i- il.i.i M. f qué, pero las palabras d e Sandoval il iii i l currizón, y poco á poco aquel h o m b r e se! 1 lerando de su voluntad contra los lion 1 i ulsos de su alma. Y es que Sandoval ii de los salvoconductos que la tonteII: ina h a expedido á los hombres para mal: era simpático. que así se llamaba la protagonista de -loria, había conocido á Sandoval porl iopio marido se lo había presentado; I mos desde la infancia, y quería que 1 participara del cariño fraternal que- dos hombres se habían profesado r- i 1 os pocos meses d e conocer Sandoval i I. Mi- ista comprendió q u e inspiraba algo NI. -1 I; I- amistad honrada al amigo d e su es, Í i í Sü C poso; cuando tuvo la primer sospecha trató de con ...v- L rjíí- íi. tar al marido los temores q u e la asaltaban, pero no se atrevió; cuando Sandoval, con singular audacia, comenzó el ataque, y a n o tuvo fuerzas más que para llorar y rechazar con todo el orgullo d e su honestidad l a s injuriosas proposicio. t B B Bmtp S IflP i i f- i- 3 S Sandoval. Pero en esta batalla se empezaba á sentir débil; caer, jamás; eso n o podía ponerlo en duda su imaginación; pero Sandoval era i rri simpático, tenaz, apasiona, do al parecer; y allá e n el f ii.il. u conciencia, Luisa sentía el remor 5 í d ¡ii. i e encontrar cierta complacencia en lB. O Vs; í- s o 6 1 cariño t a n grande, el ser- ÁIUÍXU. ÍÍ p u l u n h o m b r e d e cuyas condiciones personales n o oía m á s que elogios á todo el mundo, empezando por su marido. E n esta lucha violenta, para la que cada día le faltaban m á s fuerzas, sintió la necesidad d e u n auxiliar poderoso. Su marido n o podía ser. I e iba á dar u n disgusto grande; iba á provocar u n duelo quizás, donde seguramente el primer herido sería su honor, y sobre todo le faltaba valor p a r a hacer una confesión semejante al hombre que con t a n ciega confianza creía en la sincera amistad d e Sandoval. No hubo más remedio que acudir á donde siempre acuden las mujeres en estos casos; á su madre. La m a d r e d e Luisa era una mujer todavía joven: una señora educada á la antigua, d e mucho talento natural y poca cultura; religiosa, pero no devota; inteligente, pero no sabia; dominante, pero n o marimandona. Apenas oyó la confesión d e Luisa, hecha con todos los detalles y todas las minuciosidades del enfermo que cuenta su mal al médico en quien tiene fe absoluta, hizo u n gesto d e asombro, permaneció algunos instantes mirando fijamente á s u hija, y exclamó con acento severo y amargo: -Tú te has enamorado d e Sandoval. Luisa rompió en u n verdadero torrente d e lágrimas y sollozos, y se arrojó en los brazos de su madre, protestando d e acusación semejante; ella era incapaz de faltar á sus deberes ni con la imaginación; lo que la pasaba era inexplicable: Sandoval la subyugaba e n cierto modo; su alma se iba algunas veces d e t r á s del seductor, pero su voluntad era íirme; no consentía el pensamiento delincuente que se la imponía y la dominaba; la protesta en el fondo d e su conciencia era constante, viva y sin interrupción alguna. -Yo no m e puedo enamorar más que d e m i marido- -dijo con energía, -pero n o puedo evitar que Sandoval se haya enamorado d e m í como u n loco y con u n a pasión capaz d e arrostrarlo todo. XJ