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i Marzo de 1900. E n t r e las m u c h a s curiosidades instructivas que figurarán en el recinto de la Exposición, merecen citarse en primer término, ya que por su número es imposible hablar de todas en un articulo, las cuatro que vamos á mencionar; El globo celeste debe ser objeto de preferencia por su novedad é importancia. Su autor, M. Galerón, miembro de la Sociedad de Arquitectos, condecorado por el Gobierno, se ha propuesto ofrecer al público un viaje por las regiones del infinito. Con este fin h a construido una gigantesca esfera, dentro de la cual los espectadores pueden pasearse en una superficie que representa la tierra, y que como la verdadera, girará de Occidente á Oriente, causando la impresión exacta que produce la rotación del globo. Los astros, á la vista del espectador, se elevarán por sí como se elevan en el horizonte verdadero, y aparecerán en el cielo visible, pasarán por su meridiano, descenderán, é irán á ocultarse en el Occidente. Y como en nuestra tierra, pero mediante un viaje menos largo y penoso, se podrá llegar al polo Norte y gozar del espectáculo del sol de media noche, y acto seguido contemplar el cielo estrellado de París Al mismo tiempo se d a r á n conciertos especiales de música inédita de Saint- Saens, y hermosos p a n o r a m a s de toda la tierra. completarán esta lección divertida y práctica, que gracias á la iniciativa de M. Galerón permitirá á muchos 4? r m 4. m tA. -V. l v. EL MAREO RAMA adquirir conocimientos de la ciencia astronómica y cosmográfica. El mareorama es otra de estas curiosas diversiones, cuyo objeto es producir la completa ilusión de un viaje marítimo. Los espectadores ocuparán el puente de un barco de 35 metros de largo por 10 de ancho, al que una ingeniosa maquinaria, obra del ingeniero M. Voirin, imprimirá los movimientos propios de un buque. La tripulación ejecutará las maniobras, y golpes de viento impregnado de marinas emanaciones completará la ilusión. El panorama, un panorama espléndido y variado, aparecerá á los ojos del espectador como en viaje rapidísimo, y como tpdo el mundo sabe que la marcha de un objeto que oculta el horizonte produce en el espectador que lo contempla la ilusión de que es él el que marcha, y viceversa, el viajero creerá ver que lo que anda es el barco y que el panorama está inmóvil. El inventor y autor de este prodigio es el célebre pintor M. Hugo d Alesi, que para el efecto que se propone causar ha pintado una tela de 1.500 metros de superficie. E n este inmenso lienzo aparecerán con el aspecto de la realidad distintos paisajes lejanos, que darán idea al espectador de que viaja por la costa, pero con una celeridad extraordidaria, p u e s lo que á su vista ha de aparecer en el transcurso de