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iwww v r JMHBi fe S V iÍl M 0i ÜOKJL jLnjL üK JLXJSTUIJL CüAIll A y L I riMA ICSPOSA n F J REY DON F E L I P i í I I Is o había cumplido cuarenta y dos años el rey D. Felipe II cuando quedó viudo por tercera vez, v como antes que su esposa pasó á mejor vida el único varón que había tenido, ó sea el desdichado príncipe D. Carlos, no tenía heredero la corona. Urgía, por lo tanto, volver á casar al rey, y las miradas se fijaron en las dos hijas, ya mozas, que tenía el emperador Maximiliano II, fruto de su enlace con la princesa española doña María de Austria. La mayor de estas hijas era doña Ana, que nació en Óigales, pueblo próximo á Valladolid, el l.o de Noviembre de 1549. Era sobrina carnal del rey D. Felipe, y había sido prometida de su primo el príncipe D. Carlos; al morir éste la pretendió el rey de Francia, pero como el de España quedó viudo, razones de Estado v de familia la llevaron al sobo á que desde un principio se la destinó, casándola con su tío. Esta fué la primer archiduquesa de Austria que ocupó el trono de España. Las bodas se verificaron por poder en Viena, representando al monarca español el archiduque D. Carlos v el día 3 de Octubre de 1570 desembarcó en Santander la nueva soberana. Tenía entonces veintiún años, y era, según dicen los escritores de la época, muy agraciada, de un talle bien dispuesto, tez blanca, rostro hermoso y presencia majestuosa. En Santander recibieron á la reina el cardenal arzobispo de Sevilla I) Juan de Zúñiga y el duque de Bajar que puestos. a la cabeza de la comitiva que desde Austria acompañaba á su majestad, se dirigieron por Burgos y alladohd áSegovia, donde esperaba el rey para ratificar el enlace, celebrándose la ceremonia con gran solemnidad y aparato el 12 de Noviembre de dicho año 1570. Las fiestas de esta boda dejaron en Castilla imperecedera memoria. En Valverde, aldea que dista de Segovia legua y media, tuvieron gracioso recibimiento de aldeanas- dice el P. Flores, -que practicaron con la soberana todo lo más fino de sus bodas, bailando, cantando y haciendo ofrendas a la novia (festejo que se llama espigar) y como esto era lo más alto, se pusieron á espigará la reinaCada una ofrecía lo que podía, que era poco, poro dado con bizarría y gran voluntad: lino, toallas, almohadas sartenes, cazos y otros ajuares de casa, cuya sencillez y festejo nunca visto tuvo á su majestad divertida como nunca. Diose por bien servida, y mandó llevar á un hospital todo lo que había espigado.