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Es la más joven de las soberanas de Europa. Subió al trono de Holanda hace dos años, y aún no ha cumplido veinte primaveras. AI fallecimiento de su padre el monarca Guillermo III, que había casado en segundas nupcias, á los sesenta y dos años, con la bella princesa Emma de Waldeck y Pyrmont, de cuyo matrimonio nació Guillermina á los dieciocho meses, entró á ejercer la regencia la joven viuda, que ha compartido desde entonces toda su atención y todos sus cuidados entre los sagrados deberes de la Corona y los no menos sagrados de la maternidad. La heredera del trono, criada por una nodriza de Gueldre, no disfrutaba de una salud completa á los diez años, y los médicos de cámara aconsejaron á su augusta madre que la llevara á respirar los aires puros de los países montañosos. Desde entonces fueron frecuentes los viajes que la reina regente hizo con su hija por Suiza y Saboya, y no escasas las excursiones á los Alpes, logrando con esto que Guillermina llegara á robustecerse de tal modo, que á los dieciséis años podía considerársela como una de las muchachas más fuertes del país. Las brillantes fiestas con que el pueblo conmemoró el advenimiento al trono de Guillermina, demuestran el cariño que inspiraba á los holandeses la heredera de los Oranges, que tantos días de gloria, de felicidad y de riqueza habían dado á aquel país. En su niñez como en su juventud, Guillermina de Sassau ha demostrado gustos muy sencillos y condiciones de carácter que le granjearon el amor de su pueblo. La reina Emma la vestía frecuentemente con el traje típico del país, lo cual halagaba el amor propio de las gentes, acrecentando las simpatías que ya por sus bondades les inspiraba la heredera. En sus primeros años Guillermina tuvo dos amigos leales: un hermoso perro llamado SweU, que era el encanto de su ama, su constante compañero, y un poney minúsculo, de pelo alazán, que la seguía como su canino camarada. Algunos biógrafos de la joven reina han consignado entre sus gustos el de montar en bicicleta, atribuyéndole gran afición á este entretenimiento. Pero nada más lejos de la verdad, pues Guillermina no sólo aborrece este sport, sino que siente profunda antipatía por cuantos se consagran á él. La pintura es lo único que la deleita y á lo único que dedica algún tiempo; pero juzgando sus obras de un mérito muy relativo, no ha consentido jamás que figuren en públicas exposiciones. De boda que consolide el trono y dé herederos al reinado, no hay nada positivo. Se habló del príncipe Bernardo de Saxe- Weimar, teniente del ejército prusiano, como pretendiente á la mano de la heredera, pero como después de la visita que dio motivo á estos rumores, y que data de cuando Guillermina no había sido proclamada, no se ha insistido, es de creer que nada se ha resuelto sobre asunto tan importante, en el que lo mismo la interesada que su augusta madre, quieren que sólo intervenga el corazón. E. OONTBEEAS