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-íi- r -Una carta (jue acaban de traer para la señora. -Es su letra. ¡Y escribe largo, porque la carta abultal ¡Oh, si! Me quiere, me quiere tanto como yo á él! ¡Dios mío! ¡Qué leo! ¡Esta carta no ha debido llegar á mis manos hasta por la tarde, excusando su asistencia al te! I, n error de su secretario. ¡Bendita equivocación! El duelo estará verificándose ahora mismo! ¡Corro á impedirlo! ¿Llamaba la señora? -Mi coche, Anita. ¡Que enganchen á escape! Sácame cualquier vestido. ¡De prisa, de prisa! ¡lian dado un golpecito en la p u e r t a! -Es Kosa. Otra carta para la señorita. ¡A ver! ¡Venga! Burlarse usted un día del comerciante yanki, y mí prometerla vengarme. Usted no disponer de su cogazón, y como el conde de Mogea robármelo, mí acabarle de mandar al otro mundo de un balazo. Gordon. y ¡Socorro, socorro! ¡Señorita! La señorita que acaba de caer al suelo sin sentido. ¡Ln médico en seguida! ¡Que vaya el cochero á la Casa de Socorro! IV U 5 w -Ya estará satisfecho ese maldito azucarero del tio Sam. El me mató al hombre que constituyó el único verdadero a m o r de mi vida, 61 ha hecho que mis acreedores no me den nuevos plazos y me embarguen. ¡Pero aún no s a b e quién soy yo! Afortunadamente tengo ingenio. ¿No me iba á servir de n a d a el haber nacido en una frag a del Albaicín? A los parisienses les vuelve locos lo flamenco, y yo no canto mal las soleares y malagueñas. Dentro de un m i n u t o aparezco en el escenario de este teatro con mi traje de maja y derroto á todas las coupletistas que aquí privan. ¡Como la suerte me acompañe en mi debut, al año he recobrado mi fortuna! -Preparada, mademoiselle. -Ha llegado mi número. ¡Que Dios me ayude! -Señorita, vamos. ¡Dios mío! ¡Qué catástrofe! ¡Qué pita! ¡Todo el público vuelto contra mí! ¡Y el empresario sin escuchar razones, rompiendo el contrato, no dándome más que el tiempo preciso para venir á mi cuarto á cambiar de ropa, impasible á mis lágrimas! ¡Una carta, urgente! Échela por bajo de la puerta. ¡La letra del s. yanki! Me pareció ver en una butaca su odiosa si lueta. No cansarse usted en balde. La silba ser cosa mía, y mí pagar al empresario por rasgar la escritura. ¿Aiin no ceder? ¡No, no y no! -Al bosque, John. ¡Por fin la miseria hacerla humillarse! Mí llegar á adogarla. ¿En qué sitio ser la cita? Aquí es en mi bolsillo su carta. Me declaro vencida, míster. Si usted insiste en poseer mi corazón, le espero m a ñ a n a en la Cuarta avenida, último banco, para tratar de las condiciones. A estilo de su tierra. Lola. T Ya ¡legar. Esa ser la avenida. ¿Pero qué pasar en el banco último, que godearlo gente? ¡Un sargeant de ville! (7 na d a m a que acabarse de pegar un tigo! ¡Ella! ¡tendida sobre el banco! ¡Oh, ser toda una mujer la española! A L I O N S O P É R E Z NIEVA DIBUJOS DE M É N D E Z líRINGA M: X. ih-